Decide el rumbo del día

Antes de iniciar un viaje de varias horas, es habitual decidir unas cuantas cosas sobre el mismo: el destino, el itinerario, las paradas, etc.

Y tampoco está de más echarle una revisadita al vehículo, para comprobar que esté en condiciones de hacer el viaje.

¿Qué te parece este enfoque aplicado al día que comienza cuando sales de la cama?

Hay días relajados en los que no es preciso hacer planes, aunque tampoco vienen mal, para poder aprovechar las oportunidades agradables que se crucen.

Pero hay otros, más cargados de tareas y responsabilidades, en los que viene estupendo este enfoque de los preparativos del viaje.

caminos

Suele hacernos poca gracia llegar a la noche y darnos cuenta de que durante el día pasamos de largo de nuestras prioridades, pero sí le dedicamos tiempo a “paradas” menos provechosas.

¿Qué caminos tomamos hoy?

Al inicio del día o al final del anterior, pon a punto el GPS. O, bien, toma unas cuantas decisiones sobre cómo quieres que sea el viaje del día.

Eso hará más fácil que, durante el mismo, tengas más presentes los puntos clave del itinerario y que no te los saltes.

Como en un viaje, puedes encontrarte con obstáculos imprevistos (obras, aguaceros, pinchazos). En tal caso, habrás de resolver lo que toque y continuar el camino.

Pero, aun afrontando contratiempos, sigue siendo más probable que, decidiendo el rumbo antes de partir, visites algún punto de tu interés. Más probable que si hubieras partido sin pensar en el el itinerario.

¿Cómo ha ido el viaje?

Llegas a la noche. El viaje concluye haciendo balance del mismo. Repasas en tu mente lo más destacable. Y esto también tiene utilidad.

En caso de que llegues a la conclusión de que hiciste paradas o discurriste por caminos que no fueron edificantes, puedes pensar en los errores que cometiste y enfocar el viaje de mañana de otra manera.

Tú decides el rumbo. Mañana vuelves a ponerte en camino y, antes de hacerlo, estaría bien que decidieras por dónde vas a pasar y a qué vas a prestar más atención.