Un esfuerzo delicioso. ¿Existe eso?

Hay esfuerzos que, en principio, no saben bien. Por ejemplo, los que realizas sin saber para qué sirven o los que haces para un caradura que se aprovecha de tu trabajo.

Dejemos ésos a un lado y pensemos hoy en el mejor de todos los esfuerzos: El que, cada día, haces para construir el futuro que quieres.

Es el esfuerzo orientado a un buen propósito. El esfuerzo que se da por bien empleado, incluso cuando te levantas con las energías justitas.

¿Qué vas a hacer hoy? ¿Ocho horas de trabajo de escritorio e indefinidas de trabajo en casa? ¿Dónde está lo delicioso?

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Para qué hacer lo blanco, negro. Hay días en el que las faenas habituales se tornan pesadas y aburridas. O, más bien, días en los que las ves así, cuando podrías verlas de otra manera.

Uno de los factores que ayudan a verlas de otro modo es el reconocimiento de que el esfuerzo que haces está bien invertido; produce frutos interesantes.

Es cierto que unas actividades dan más beneficio que otras. Pero para eso estás tú, para elegir las más rentables y para distribuir entre ellas el tiempo y la energía que vas a dedicarles.

Produce alegría saber que estás esforzándote por algo que da sus frutos, que va dando forma a la vida que quieres.

O, bueno, si la palabra “alegría” te suena exagerada, considera la alternativa: Qué pasaría si no tuvieras la oportunidad de esforzarte y de lograr algo positivo con tu esfuerzo. ¿Serías más feliz?

En mi caso, sé que no. Me gusta aprovechar las oportunidades de producir algo valioso con mi esfuerzo. Y los días en los que menos ganas tengo de enfrentarme a mis misiones cotidianas, el sabor de los frutos me motiva a seguir adelante.

¿Cómo sabe para ti un esfuerzo que da su recompensa?