10 Estrategias productivas pensadas para el vago

¿Crees que eres muy perezoso y que ésa es la razón por la que no cumples con tus responsabilidades? Esto hay que analizarlo con calma, que es lo suyo.

En primer lugar, la pereza (de todos, no sólo la tuya) puede ser una ventaja en lo que a productividad se refiere. Sí, sí… Únicamente habría que optimizar el tiempo dedicado al descanso. 😀

En segundo lugar, partamos de una misma idea. Llamemos “pereza” a la falta de ganas de trabajar, que es la definición que nos sugiere Google.

Esa definición me gusta, porque la falta de ganas de cumplir con una responsabilidad la padecemos todos.

día improductivo

A menudo, la pereza es síntoma de otra cosa: escasa motivación, mala organización, perfeccionismo, cansancio, etc. Habría que ver dónde está el problema real para darle un enfoque más ajustado al caso.

Eso lo solemos aquí hacer cuando publicamos entradas hablando de esos temas. Por ejemplo, ésta: ¿Eres vago o necesitas un descanso? A una persona que está fundida por sus responsabilidades no le sirve el mensaje: ¡Venga, esfuérzate más!

Ese mensaje lo dejamos para el que, por sistema, se escaquea de lo trabajoso para quedarse con su comodidad. En ocasiones, haciéndonos la pascua al resto.

Pero, paradójicamente, escaquearse no siempre es lo más fácil. El “flojo” desarrolla una habilidad a la que le puede sacar partido. Y, además, puede aprovechar su gusto por la vida muelle para hacerse más eficiente, sobre todo en sus actividades creativas.

Precisamente en esa línea van estas ideas; en las de moldear la tendencia a la vagancia para hacerla compatible con una vida productiva. ¿Misión imposible?

10 Ideas productivas para el vago

1. Define tus prioridades. Decide qué es lo que más te importa en esta vida, para que lo que hagas (aunque sea poco) esté en consonancia con eso.

Ésa es la esencia de la productividad. Más vale poquito, bien orientado, que mucho desperdigado.

2. Elige tus tareas. Elige muy bien. Procura que haya pocas tareas en tu lista y deja espacios entre ellas. Las tareas que sean un desperdicio de energía, elimínalas o delégalas.

3. Vístete de acuerdo con lo que hagas. El vestuario influye en tu estado de ánimo y en esta variable tienes bastante control.

Ya sabes. Si vas a tirarte en el sofá, ropa holgada. Si vas a trabajar, ropa más formalita. Es una pequeña molestia, pero compensa.

4. Quítate “lo peor” por la mañana. Aprovecha el impulso que ello te dará para el resto del día.

5. Trabaja en bloques. Divide las tareas y abórdalas por pasos. Fija una hora para terminar en lo que hagas.

6. Haz una cosa cada vez. Al estar más concentrado, terminarás antes y evitarás tener que volver sobre la misma tarea para corregir despistes.

¿La misma cosa dos veces? Ni hablar. Con una es suficiente.

7. Dosifica el esfuerzo. El punto anterior ayuda. Y, también, deshacerte del perfeccionismo. Dedícale a cada tarea o situación el esfuerzo necesario, ni más ni menos.

8. Construye hábitos. Los hábitos y las rutinas son los mejores aliados de un vago. Requiere menos esfuerzo hacer las cosas “en automático”.

Por ejemplo: Practicas la acción de levantarte a las siete de la mañana. Al principio, te cuesta. Después, sale solo. Eso sí, trabaja en un hábito cada vez y, cuando esté cimentado, introduces uno nuevo.

9. Añade variedad. La falta de variedad atasca y amuerma. Trata de que el cóctel de actividades (de ocio y trabajo) sea variado.

10. Respeta los descansos, la siesta y los días libres. Gracias a los descansos y a la diversión, puedes afrontar las tareas serias. Estás más fresco y se te ocurren mejores ideas.

Traza límites para terminar tus obligaciones y, después, sumérgete a placer en el ocio. Haz el vago; repón energías y disfruta de la vida.

Al final, de lo que se trata es de que haya cierto equilibrio. Nos va mal si dedicamos nuestros días sólo a asuntos serios y productivos. Y, también, si vagueamos las 24 horas.

Se puede establecer un tiempo para cada cosa, ¿o no?

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