Haz que tu felicidad sea incomparable

Terminas de tomarte un café. Miras por la ventana y contemplas una mañana resplandeciente. Esas sensaciones agradables te llevan a tocar la felicidad por un instante.

De repente, te acuerdas de que María está de vacaciones esta semana. Puede levantarse tarde, si quiere, y pasar el día fuera disfrutando del buen tiempo. Qué maravilla. El placer del café tranquilo es una birria al lado del suyo.

Los humanos comparamos de manera prácticamente automática. Es un mecanismo que nos es útil para aprender o para protegernos de los peligros. Pero, en lo tocante a la felicidad, estorba en no pocas ocasiones.

Las personas más infelices suelen ser aquéllas que más se comparan con los otros creyéndose las conclusiones a las que llegan, que muy a menudo son un invento suyo.

Te parece que María es más feliz que tú, porque está de vacaciones. Comparas tu café con lo que te imaginas que ella va a hacer hoy. Lo que ignoras es que se pidió las vacaciones para resolver un problema familiar que no ha comentado con nadie.

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Durante la tarde, María decide darse una vuelta por Facebook y visita tu perfil. Allí ve las últimas fotos que has colgado. Se te ve una persona con tanta seguridad, que María piensa: “Ojalá fuera yo así de desenvuelta.”

En un instante, se le olvida que estaba contenta por haberse quitado de encima el papeleo que hizo hace un rato. Y su felicidad termina de esfumarse cuando mira por la ventana y descubre que la vecina se está despidiendo de su novio de manera cariñosa… “Qué suerte tiene.”

Ser infeliz es sencillo

Si estás contento por haber ganado un poquito más de dinero este mes, piensa que aquél está mejor porque ha ganado un poquito más que tú.

Si eres feliz porque te vas de vacaciones a tu casita del pueblo, acuérdate de tu primo, que se está pegando ahora mismo un crucero por el Adriático. Eso sí que es vida.

Si consigues batir tu marca personal en una carrera, no lo celebres. Mira al ganador para que no se te suban los humos. Eres lento a su lado.

Ya ves lo fácil que es amargarse la vida

¿Qué tal si saboreas tu felicidad sin compararla con otra?

Disfruta que estás a gusto ahora, mientras te tomas el café. Celebra ese dinerillo extra. Relájate a placer en tus vacaciones. Sonríe sin cortarte cuando batas tu propio récord. No compares esa felicidad con la que tú te imaginas que sienten otros.

Puede ser que esos otros tengan ciertas ventajas. ¿Y qué? La vida no es justa. Cada cual hace lo que puede con los recursos que tiene a mano y en las circunstancias en las que se halla.

O puede ser que tú te estés imaginando una felicidad a tu conveniencia. Al comparar lo que te falta con lo que otro tiene, no ves TODO lo que tiene.

No ves sus miedos. No ves las tensiones por las que atraviesa. Y no ves las carencias por las que se siente desdichado cuando, a su vez, se compara con otro que supuestamente es más feliz.

Cuando te compares con otro, porque quieras aprender o mejorar tu situación, no lo hagas tan a la ligera. Estudia la situación con calma. Infórmate bien. Mira si eso que deseas es en realidad lo que quieres.

Empleada así, la comparación puede ser útil. Pero si la empleas impulsivamente para desdeñar tu propia felicidad, ten por segura la desdicha.