¡Qué rabia que haya salido mal!

Dolor, rabia, impotencia… ¿Qué sientes cuando se viene abajo aquello por lo que tanto te has esforzado?

Tu proyecto cae y tú también. Pero no estás abatido, al contrario. En ti se desata una poderosa energía, aunque tome forma de rabia.

Hay personas que desperdician esa energía. La utilizan para fantasear con venganzas, para quejarse de mil maneras diferentes, para repartir culpas (incluyéndose a sí mismas en el lote, tal vez) o para autocompadecerse, sintiendo una pena infinita por su propia persona.

En un primer momento, pues sí, se entiende. La energía se escapa como el agua de una tubería agujereada.

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Pero, ya que pasa el escape y te calmas lo necesario como para pensar, tienes la opción de seguir invirtiendo tu energía en culpas, quejas y lamentos o la de emplearla para levantarte.

¿Qué pasaría si utilizaras esa rabia que te arde en el pecho para buscar una salida y luchar con más determinación por lo que quieres? Hay personas que hacen esto y no están hechas de una pasta diferente a la tuya.

Piénsalo cuando caigas y te dé coraje. Concédete tiempo para calmarte y examinar la realidad. Y, después, usa la rabia como el impulso que te saque de ahí.

Amigo guerrero, recuérdalo. Encauza esa energía en una dirección beneficiosa para tus intereses, en hacer los cambios que creas convenientes o en mantenerte firme. No la malgastes.