¿Qué actitud adoptas ante los problemas?

Cuando los problemas pesan y acosan, es una suerte contar con alguien que te escucha. Sólo con eso, aunque esa persona no esté en posición de brindar otro apoyo, te sientes mejor, más ligero, más tranquilo o reconfortado.

Quizás, gracias a ese alivio que experimentas, renuevas tus fuerzas para seguir adelante, resolviendo las situaciones en las que estás envuelto.

Hablarle a alguien de tus problemas tiene, además, la ventaja de la que vamos a hablar: recibes atención.

Mientras estás relatando tus males, eres el protagonista de una historia, que mueve hacia la compasión o la solidaridad a quien te está escuchando.

hablar

¿Qué tiene esto de malo? Que yo sepa, nada. Lo malo es “abusar” de esta ventaja. Y abusar sería quejarse por cada incomodidad, molestia, trastorno o frustración que encuentres en el camino. Hacer de ello una costumbre.

Tener problemas no es un mérito

No, no lo es. Para bien o para mal, todos tenemos unos cuantos. Yo no soy más especial por decir que los míos son más grandes que los tuyos. ¿Y qué, si lo fueran?

Tampoco soy más especial si, cada vez que te veo, te cuento todo el repertorio, como diciéndote: ¿Ves? ¿Ves por la cantidad de fastidios que tengo que pasar yo todos los días?

¡Caramba! Ni que fuera la única. Atormentarse y querer que los demás participen del tormento y reconozcan que soy especial, tiene poco mérito.

Lo meritorio está en cómo se afrontan los problemas

  • Tiene mérito quien resiste el impulso de armar una tragedia griega por una manchita en el pantalón u otro problema del estilo.
  • Tiene mérito quien, a pesar de sus problemas, escucha y permite que los demás también sean protagonistas de vez en cuando. ¿Y tú? ¿Cómo estás?
  • Tiene mérito quien agradece que otro se esfuerce por entender su problema. Tal vez no lo consiga, pero lo intenta.
  • Tiene mérito quien tiene en cuenta los sentimientos de los demás. No sólo los suyos.
  • Tiene mérito quien asume la responsabilidad de sus problemas, en lugar de acomodarse en ellos y usarlos para seguir reclamando atención.
  • Tiene mérito quien busca la manera de resolverlos, aunque pida ayuda para ello.

En esas situaciones sí hay mérito, porque la persona está haciendo algo positivo. Cuesta más realizar ese gesto que sucumbir al deseo insaciable de atención.

Yo puedo sentirme muy especial e importante al hablarte de mis problemas, gracias a que tú me escuchas con una paciencia infinita. Pero, ¿para qué engañarnos?

Mérito tengo poco. Que nos pongamos a hablar de soluciones es otra cosa. 😉

Imagen de [phil h]