¿Cuánto te cuesta mantener tu imagen de cara a la galería?

Empleamos mucha energía en proteger la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos.

Hay situaciones que nos aterrorizan y no es, precisamente, porque esté en juego nuestra vida. Las tememos porque los demás podrían ver que no somos tan buenos como nos gustaría.

Cuanto más ideal sea la imagen que queramos proyectar, más sufriremos con los errores, con el rechazo, con el fracaso y todas esas experiencias tan “antipáticas”.

Resultan antipáticas porque los demás y nosotros mismos somos testigos, gracias a ellas, de que no somos tan ideales como quisiéramos.

flor caída

Tal vez, nos perdemos la enseñanza que dejan esas experiencias desagradables, al estar más pendientes de proteger el ego. Pobrecito.

  • Me siento poca cosa si eligen a Carmen en lugar de a mí. (¿Qué tiene ella que no tenga yo?)
  • Me siento amenazada si veo que otra persona demuestra más soltura en lo que se supone que yo soy un hacha. (Bueno, bueno… No lo hace tan bien. Se ha equivocado ahí y ahí.)
  • Me siento insultada si alguien comete la osadía de explicarme una cosa que yo manejo. (¿Pero qué se ha creído éste?)
  • Me da vergüenza que me vean con ropa que quedó desfasada en los años 90. Vergüenza de que se note que no soy tan joven. Y tantas tontas vergüenzas más…

A algunos nos ha tocado poner el ego a dieta forzosamente. Baños de realidad nos han colocado en las narices que no somos tan guapos, listos o buenos como quisiéramos que los demás nos vieran.

Y eso, que puede parecer una catástrofe, ha resultado positivo. Nos ha servido para aceptarnos, para perdonarnos, para ser más comprensivos con los demás y para seguir creciendo sin la opresión de un monstruo insaciable. O en ésas estamos.

Nos ha servido para ir siendo conscientes de que así, con nuestros defectos y errores, somos valiosos. Sin necesidad de impresionar, opacar, desmerecer o excluir a otros para demostrar que lo somos.

En resumen, con un ego menos orondo, somos más libres y nos ahorramos cantidad de malos ratos, ¿no te parece?