¿En serio? Cuéntame más

Una sonrisa de oreja a oreja. Los ojos, haciendo chiribitas. Así es como se presenta una amiga para anunciarle a la otra que ha comenzado a salir con el chico que le gusta.

La que recibe la noticia se entusiasma con la novedad: ¿En serio? Cuéntame más. ¡Quiero detalles!

¿Te suena esta situación, aunque sea de haberla visto en las series de la tele? A mí me resulta muy simpática. Y un ejemplo claro de cómo la fascinación y la curiosidad de la segunda amiga hace que las dos salgan ganando, en este caso.

La amiga enamorada, deseosa de compartir su experiencia, se encuentra con alguien que desea escucharla con lujo de detalles. Alguien con verdadero interés.

escuchar, conversación

¿Cuándo fue la última vez que tú sentiste la necesidad de contar tu historia y te encontraste con una persona tan receptiva? ¿Tanto, que quiso que te extendieras más allá de lo esencial?

En tu caso, no sé. En el mío no abundan este tipo de conversaciones, aunque sean menos exageradas que la del ejemplo.

No abundan. Unas veces, porque voy a contar mi historia y la otra persona me “aparta” enseguida para hablar de lo suyo. Otras, porque es a mí a quien le faltan curiosidad y/o generosidad para escuchar con atención.

Escuchar es un acto muy generoso. Especialmente, en estos días de comunicaciones rápidas, donde todos queremos que nos hagan caso y que nos den un espacio para explicarnos.

Yo fallo en esto cuando me hablan de un tema que, por mucho que quiera, no me emociona (como el fútbol) o cuando me cuentan por quinta vez un mismo problema, por ejemplo.

Y, sobre todo, fallo cuando me da miedo meter las narices demasiado. ¿Qué tal que a la persona no le apetezca contar nada más sobre la experiencia y yo la presione?

Tal vez, no me doy cuenta de que eso es lo que está necesitando en ese momento; de que es él/ella quien teme importunarme a mí “soltándome el rollo”. Y, en ese instante, está buscando en mí alguna señal de que me interesa su historia.

De vez en cuando, todos necesitamos que nos escuchen así, con atención, con hambre de saber más. Me pregunto cuántas veces he estado ciega ante esta situación.

Nooo… No pienso lapidarme a mí misma por mi falta de empatía, de generosidad o de paciencia para escuchar. Lo que quiero es compartir contigo mis carencias (y, desde luego, agradecerte que las “escuches” al otro lado de la pantalla).

Quiero compartir contigo mi deseo de mejorar en esta faceta para que ganemos los dos: tú, cuando necesites un espacio para hablar de ti y yo, que podré aprender (según lo que me cuentes 😆 ), dejarme fascinar o conectar contigo.

¡Cielo santo! ¿De verdad que te pasó eso? ¿Cómo fue?