Si te gusta, hazlo. Ya irás mejorando.

Hay personas que se privan de hacer ciertas actividades que les gustan, porque están muy verdes aún y/o porque temen ser juzgadas duramente.

Algunas ni tan siquiera dan el paso de hacer un primer intento. El miedo a los errores o a quedar mal le gana la partida a las ganas de disfrutar haciendo lo que quieren.

Es hora de ponerle un alto al miedo. Y la de aprovechar esa situación incómoda para fortalecer la autoestima.

Una autoestima sana supone aceptarte como eres, con tus puntos fuertes y con tus puntos débiles. Las actividades en las que no eres tan bueno (mucho menos, perfecto) te brindan la oportunidad de practicar esta autoaceptación.

En esa fase novata o patosa, te hallas cara a cara con tus limitaciones y con la alta probabilidad de cometer errores. Pero desde esa posición, incómoda y vulnerable, tienes mucho que ganar.

bailar juntos

¡Hazlo! ¡Atrévete!

Si te gusta una actividad y practicarla no erosiona la libertad de otra persona, ¡a por ella!, a pesar del miedo. Échate a la espalda los pensamientos y sentimientos que hablan mal de ti.

1. Olvídate del resultado. Piensa en hacer lo que quieres, en cómo hacerlo y ponte manos a la obra. Más tarde, quitas, pones o pules lo que gustes.

2. Date permiso para equivocarte o para hacerlo rematadamente mal al principio.

3. Deja de compararte con quienes lo hacen mejor. Tú tienes esta limitación (ahora) y ellos tienen otras. Cada quien, las suyas.

4. Sé testigo de tu progreso. Gracias a la práctica, mejorarás en esa actividad para la que no tenías un talento natural. Y, si sigues practicando, más mejorarás.

5. Quédate con lo bueno. Progresar es bueno. O, si no progresas demasiado, a ver quién te quita el buen rato que pasas disfrutando de la actividad que has elegido.

Canta, baila, nada, pinta, toca la bandurria… Lo que sea que te guste, hazlo. Disfruta de ello y comprueba por ti mismo que, aunque no tengas un manejo excepcional, eso no te resta valor como persona.

El que resta es el miedo. Y a ése lo estás derrotando con buen humor, con frescura y con la satisfacción de hacer lo que quieres hacer. Bien o mal, pero lo haces.

En cuanto a la gente, quienes te quieren de veras, seguirán queriéndote por muy mal que cantes, cocines o hables francés. A los demás, no les importará demasiado que seas un desastre en “eso”. Y, si les importara, ¿qué más da?

Te dejo con unas sabias palabras de Bertrand Russell: Uno debe respetar la opinión pública lo justo para no morirse de hambre y no ir a la cárcel. Lo que se pase de ese punto es someterse voluntariamente a una tiranía innecesaria.