Una mañana con el tiempo a favor

El tiempo se te echa encima. Necesitas acabar tal o cual cosa y, en lugar de experimentar un subidón de adrenalina, estás cansado y desmotivado por verte con frecuencia pasando por este trago.

Si el problema es que acostumbras a dejar las cosas para última hora, date la oportunidad de probar lo contrario.

Pero qué digo… Si ya lo habrás probado. Rememoremos el retrato de dos mañanas diferentes.

Mañana 1, a contrarreloj: Te levantas. Realizas tu rutina mañanera (desayuno y demás). Repasas tu lista de tareas. Pamplineas un poquito en lugar de ponerte con el hueso más duro de roer. Pasa el tiempo.

Te da el mediodía (o más) y llevas retraso. Te estresas. Te desmotivas. Y, con el bajoncillo anímico, menos te cunde. El día termina siendo pesado y poco productivo.

Mañana 2, de arranque ágil: Te levantas. Tras tu rutina habitual, revisas tu lista y comienzas raudo con una tarea importante. La terminas pronto o avanzas notoriamente.

Llevas ventaja respecto a otras mañanas. Esa ventaja te pone de buen humor. Con esos ánimos, te cunde más el trabajo. Y, a pesar de hacer más cosas, estás menos cansado y menos estresado.

retrato de la mañana

Ya, ya… Son mañanas opuestas. La mayoría de los días caen en un término medio. Pero si las tuyas suelen parecerse demasiadas veces a la “mañana a contrarreloj”, convendría que pensaras en qué está ocurriendo para que esto sea así.

Pisa a fondo

Da la sensación de que el acelerón poco sano ocurre en la “mañana nº 2”, cuando le echas diligencia a lo que tienes que hacer desde primera hora.

Pero, por tu experiencia, habrás visto que es menos sano el acelerón que das cuando caes en la cuenta de que vas con retraso y necesitas acabar a tiempo.

¿Razones? Tienes menos energía en ese momento que al comenzar la mañana. Puedes permitirte menos errores. Hay menos margen para imprevistos. Y vas a cuestas con la sensación cabreante de correr y no llegar. ¡Qué estrés!

Con el tiempo a favor

En la “mañana nº 2” te pones con lo importante… ¡de una vez! Arrancas a ritmo ágil (sin prisas innecesarias) y te encuentras a media mañana con un buen trecho recorrido.

Esa sensación de ir por delante, con el tiempo a favor, te brinda calma (por dentro), aunque por fuera sigas animado y avanzando con agilidad.

Como tú, he pasado por esos dos tipos de mañanas. Y, sin duda, prefiero las mañanas con las distracciones y procrastinaciones justas, las mínimas.

Tal vez trabaje un poco más, ya que la ventaja inicial me impulsa a hacer más cosas. Pero estoy mucho más a gusto. Dónde va a parar…

¿Qué me dices? ¿Probamos a experimentar más mañanas con el tiempo a favor?