¿Y si no consigues tu objetivo realista?

Te planteas un objetivo exigente, pero realista. Lo puedes alcanzar, que es uno de los requisitos para que la motivación no se diluya por el camino.

Además, tienes en cuenta el resto de los componentes de la teoría SMART para establecer objetivos. Y, aun así, te quedas corto. ¿Cómo te lo tomas?

Veámoslo con el ejemplo de un objetivo fallido de los míos: leer un libro por semana. El año pasado trabajé en él y no lo conseguí, a pesar de cumplir con los requisitos de la teoría SMART:

  • Specific. Sí, era específico: Un libro por semana.
  • Measurable. También podía medir el progreso.
  • Achievable: Sí, era alcanzable. O eso me pareció en su día.
  • Relevant: Sí, era (y es) importante para mí. Además, me gusta leer.
  • Time Framed: Un año. Punto cumplido también.

La meta era adecuada y estaba bien planteada. Eso creía yo. Aunque, tal vez, no era tan realista.

pila de libros

A lo largo de tu camino hacia la meta hay factores que NO puedes controlar y obstáculos que al inicio no te imaginas que vas a encontrarte.

Unos factores tienen que ver contigo. No siempre te comportas de la manera “ideal” que prevés al inicio. Puede ser que algunos días tu consistencia falle, por la razón que sea.

Otros factores son ajenos a ti. En el lapso de tiempo que trabajas por tu objetivo pueden ocurrir tantas cosas…

Un obstáculo imprevisto, en mi caso, fue enfrascarme en la lectura de libros largos o demasiado complejos para mi nivel. Eso redujo mi velocidad, aunque valió la pena por lo que aprendí con ellos.

Otro obstáculo fue el opuesto: dar con libros aburridos para mi gusto. Después de un par de capítulos, ¿iba a seguir perdiendo el tiempo en semejante bodrio? Pues no.

Además, vinieron días en los que me apetecían otras actividades más moviditas en lugar del rato de lectura. Para qué nos vamos a engañar. Yo soy seria con lo que me propongo, pero cometo errores a porrillo.

En resumen, mi plan inicial fracasó. Y, a pesar de eso, estoy muy contenta de haber trabajado por ello.

¿Puedes sentirte feliz habiendo fracasado en tu objetivo “realista”?

Claro que sí. ¿Cuánto has avanzado gracias a que te propusiste ese objetivo?

  • Has aprendido.
  • Has construido hábitos que te sirven.
  • Y estás más cerca de lo que quieres.

A mí la experiencia me ha servido para leer más libros que el año anterior; para que el rato de lectura quede “atornillado” en mis hábitos placenteros frecuentes y para adquirir un barniz de conocimientos en campos que antes me eran desconocidos.

Sólo por eso valió la pena el objetivo. Es más, a mediados de año ya sabía que no iba a llegar a 50 libros leídos. Leía más por interés en aprender que por llegar a la meta.

Ésa es la finalidad última de los objetivos: hacernos crecer hacia donde tenemos interés. Cumplir con la meta es la guinda del pastel, pero NO es lo más importante.

En todo caso, ¿qué nos impide seguir adelante hasta alcanzarlo?