La oportunidad de levantarte tras la caída

Quienes tenemos la suerte de haber aprendido a caminar sabemos en qué consiste levantarse. Lo llevamos haciendo desde nuestra infancia.

Tras aquellos primeros culetazos siguieron muchos más, ligados a otras experiencias. Y los que vendrán, si es que seguimos en movimiento.

Partamos de que las caídas o los tropezones son inevitables. Si no es el culetazo en la calle, puede ser el resbalón en una compra, el descarrilamiento en una relación o el trastabillamiento al entonar una canción que se supone que nos sabemos “de pe a pa”.

Esa duda no la tenemos. Sabemos que, en algún momento, vamos a tropezar, a caer o a FRACASAR (así, con mayúsculas, para darle un nombre “gordo” a la situación).

caer

La cuestión, más bien, es si decidiremos aprovechar la oportunidad de levantarnos, como hemos hecho otras veces.

Especialmente en esas caídas en las que quedamos maltrechos y asustados, es donde más brilla el valor que se necesita para levantarse.

Ésa es una de las consecuencias positivas del culetazo: nos hacemos más valientes al decidir que nos vamos a levantar. (Uno no se hace valiente si no es superando dificultades.)

Además de la oportunidad de ejercitar el músculo del valor, surgen otras:

  • La oportunidad de darnos cuenta de lo que hemos estado haciendo mal.
  • La oportunidad de ver lo bueno que hemos hecho, hasta antes de caer.
  • La oportunidad de ver otras cosas buenas en las que no habíamos reparado mientras estábamos en movimiento.
  • La oportunidad de aprender, si hacemos uso de todos esos descubrimientos.
  • Y la oportunidad de volverlo a intentar, con la sabiduría que hemos adquirido.

Me estoy pasando adrede al repetir la palabra “oportunidad”. Supongo que es porque yo también necesito reforzar eso que empezamos a aprender cuando comenzamos a dar los primeros pasos: las caídas son oportunidades.

Ahora, que somos más mayorcitos, podemos utilizar este aprendizaje cuando tropecemos o nos veamos en el suelo por algún motivo u otro.

Sí, podemos analizar lo ocurrido. Podemos volver a poner los pies sobre la tierra, sacudirnos el polvo y sacar valentía para seguir el camino. Tenemos la oportunidad de hacerlo.