Ideas para ser receptivo al buen humor y combatir el estrés

La risa. Qué gran remedio antiestrés. Piensa en la última vez en la que te reíste con ganas, a carcajadas. ¿Cómo te sentiste?

Tal vez la mayor molestia física fueron las agujetas en el abdomen. Pero, en general, imperaban las buenas sensaciones: alegría y relax, ¿verdad?

Cuando nos reímos de esta manera, las tensiones se aplacan, consecuencia de que disminuya el cortisol a la par que aumenta la producción de endorfinas.

Y, una vez relajados, nos resulta más sencillo enfocar de un modo distinto las situaciones difíciles que vivimos. Las vemos de otra manera.

La risa produce más efectos positivos. Pero, sólo por ése, ya merece la pena que nos dejemos llevar cada vez que tenemos la oportunidad de reírnos a gusto.

El obstáculo que encontramos es que, al estar estresados, somos menos receptivos a las oportunidades para aligerar el espíritu y darle la batuta al buen humor.

En esa línea van las ideas que siguen: en la de facilitar que la risa, la alegría y la calma nos invadan fundiendo la coraza del estrés. Qué gusto de invasión.

risa puesta

1. Rodéate de elementos “alegres”. ¿Qué te pone a ti de buen humor? Sea lo que sea, ten cositas de éstas a la vista, al alcance de la mano o puestas encima.

Ejemplos: fotos que te arranquen una sonrisa cuando las veas, canciones que te animen, objetos graciosos… Tú verás. Depende de tus gustos y de tu estilo. Algo hay que te mueve hacia el buen humor, ¿no? Pues… tenlo muy cerca.

2. Codéate con personas que tengan sentido del humor. Se entiende, un sentido del humor con el que tú estés a gusto.

Por ejemplo, yo me mantengo a distancia de personas cuyo sentido del humor se basa en ridiculizar a los demás. Prefiero acercarme a personas que se rían con otros; no de otros.

3. Déjate contagiar de la emoción. Las emociones se contagian. En este caso, te conviene prestar atención a quien llega rebosante de alegría y dejar que se te pegue una poquita.

Por ejemplo, aprovecha que te encuentras a tu amigo riéndose o muy contento y déjate llevar. Únete a él/ella. Verás lo fácil que resulta. Más fácil que reírte en solitario.

4. Celebra tus pequeños éxitos. ¿Cuenta encontrar un objeto que se supone que habías perdido? Claro que sí.

Cuenta lo que tú quieras; cualquier cosa positiva que hagas que te provoque unas sensaciones agradables. Ahí están. Saboréalas bien. Y, si quieres, compártelas.

5. Celebra los éxitos de los demás. Ponte en los zapatos de quien te habla de sus logros o pequeñas conquistas y sintoniza con su alegría.

Si acaso, hazlo con tus personas cercanas. El beneficio es mutuo y la alegría se amplifica.

6. Enfoca lo divertido. A lo largo de un día ocurren muchas cosas y en unas nos fijamos más que en otras. Trata de “pescar” unas cuantas experiencias que te muevan a la risa o al buen humor.

Por ejemplo: Vas caminando por el parque y en un banco están sentados una madre con su niño. Ambos ríen mientras juegan. Tú, que pasas a su lado, los enfocas y la sonrisa te sale sola.

A lo mejor te sale en otras situaciones. Qué se yo. El asunto es que enfoques lo que tú consideres divertido o simpático.

7. Aligera tus responsabilidades. Aquí entra en acción la creatividad.

No siempre es posible cumplir con nuestras tareas mundanas con la disposición de quien visita un parque de atracciones. Pero, a veces o algunas de esas tareas, sí se pueden abordar con buen humor.

Podrías cantar mientras doblas la ropa, bailar mientras pasas la bayeta o, si encuentras esto exagerado, buscar otra manera de amenizar la tarea. Sólo con quitarle el letrerito de “pesada” o “aburrida” se nota el cambio.

8. Búscale un punto cómico a situaciones aparentemente serias. Dale otra vuelta de tuerca a la creatividad.

Cuando estamos tensos, basta que ocurra una inconveniencia para que exageremos el malestar que supone. Por ejemplo, un error.

Cometes un error intrascendente o lo hace alguien que está al lado y, con una pizca de creatividad, se le puede dar un giro a la situación para convertirla en una oportunidad más de compartir el buen humor.

Al final, de eso es de lo que se trata: de ir sumando pequeñas oportunidades que nos muevan hacia la alegría. De ahí a la risa, la distancia es corta.

¿Qué te parece la propuesta? ¿Intentamos reír un poquito más?