¿Qué hay en tu botiquín para aliviar el sentimiento de soledad?

¿Con qué dolor físico podríamos comparar el sentimiento de soledad? ¿Con un dolor de muelas terrorífico, quizás?

Tal vez no haga falta recurrir a la comparación para que cualquiera se haga a la idea de lo que duele la soledad. La mayoría de nosotros ha pasado alguna vez por esa experiencia, siquiera brevemente.

Qué me dices de cuando has entrado a una habitación llena de gente y ha emergido con fuerza una sensación de tristeza y desarraigo. Eso, eso mismo nos vale para describir el sentimiento de soledad que, curiosamente, es más punzante cuando estás rodeado de personas.

Si el dolor es muy intenso, recurrente o supone un obstáculo para que puedas hacer tu vida, lo suyo es que hagas lo mismo que cuando un dolor de muelas no te deja vivir: acudir a un profesional, que para eso están.

Para episodios más manejables, podrías echar mano de tu botiquín emocional. ¿Qué tienes ahí para cuando la soledad duele?

a solas

1. Revisar tus creencias sobre el género humano

Habrá personas no te tragarán ni en pintura. A otras les dará igual que vengas o que vayas. Pero, como somos un grupo muy variado, también habrá personas a quienes les interesen tus ideas y les guste tu persona.

Conviene recordarlo, porque la soledad alimenta pensamientos muy negativos: Estoy solo. Nadie me entiende.

2. Alimentar tus relaciones actuales

No desconectes de tu círculo habitual, a menos que alguna relación sea particularmente nociva. Vale que te sientas incomprendido o poco valorado. Vale que tus relaciones se alejen kilómetros de la perfección.

Pero, en lugar de centrarte en ti, mira qué puedes aportarles a ellos y qué actividades puedes compartir. Como creas oportuno y con quien quieras, pero conecta.

3. Dedicar tiempo a tus hobbies e intereses

Por dos razones. La primera, atenuar el estrés. Esto lo consigues prestando atención a esas actividades agradables. Veinticuatro horas nadando en la desolación son agotadoras.

La segunda, encontrarte con gente de inquietudes similares a las tuyas, en caso de que tu afición sea de ésas que se compartan (algo muy recomendable en este caso).

4. Practicar, practicar, practicar

Tanto si conoces a gente nueva, como si quieres des-oxidar tus relaciones habituales, te verás en la incómoda situación de hacer lo que menos te apetece. ¿Una vez? No, muchas veces.

Tal vez te cueste saludar al vecino, preguntarle a tu hermano cómo le fue en la entrevista, dirigirle la palabra a un desconocido o escuchar pacientemente la aventura que un amigo se muere por contar.

Puede que cometas errores, que te pongas tenso, que te quedes en blanco o que te sacuda la tristeza. Hazte a la idea de que no será cómodo. Pero da también por seguro que, cuanto más practiques, más soltura tendrás y más gusto les sacarás a las interacciones sociales.

Ya irás eligiendo qué relaciones alimentar o estrechar y porqué. Tampoco tienes porqué ser una mariposita social, si no es tu estilo.

5. Ponerte de tu lado

Respetarte, perdonarte, cuidar de ti, hablarte como a un amigo… Ahora, que echas en falta un aliado incondicional, es cuando más necesitas ser bueno contigo.

Suele pasar que, cuanto más atención le prestas a un dolor, con más intensidad lo sientes (vale también para las muelas). Así que préstale más atención a lo que tú estás poniendo de tu parte para restablecerte. Lo demás, déjaselo al tiempo.

Son sugerencias. Si quieres probar alguna, ¡ale, al botiquín! 😉