5 Cosas que el perfeccionismo te quita

Trabajas con ahínco y constancia. Optimizas los recursos de los que dispones. El resultado es de gran calidad, porque te has esmerado con los detalles.

¿En todos, toditos los detalles o sólo en aquéllos que pueden hacer la diferencia?

Podemos distinguir la actitud positiva de quien se adapta a lo que tiene entre manos para ofrecer un gran trabajo, frente a la actitud de quien se presiona a sí mismo para llegar al resultado perfecto y se frustra ante los obstáculos.

También podemos distinguir la actitud de quien es perfeccionista en su trabajo, porque así lo requiere su ocupación, y la de quien es perfeccionista a tiempo completo.

O, también, la actitud de quien apunta a perfeccionarse (en un terreno o en general) de la actitud de quien apunta a parecer perfecto a ojos de los demás. Hay varias maneras de entender el perfeccionismo.

flor diferente

Hechas las distinciones, nos quedamos con quienes persiguen la perfección (o la apariencia de perfección) en la mayoría de los aspectos de la vida. Una actitud nociva, ya que supone vivir en guerra permanente con la realidad.

Al perfeccionista le incomodan las canas que se ha visto esta mañana; la capita de polvo sobre el aparador; el cuadro ligeramente torcido; un error ortográfico en un artículo maravilloso…

Ese gusto excesivo por los detalles desemboca en que pierda de vista lo que está bien, lo que es bueno. Los demás disfrutan de ello, mientras el perfeccionista permanece atascado en minucias que sólo le importan a él/ella.

¿Qué otras cosas roba el perfeccionismo?

1. El momento de empezar. Como difícilmente se dan las circunstancias idóneas para comenzar con sus tareas o proyectos, el perfeccionista los demora.

Pasan horas, días, meses… Un tiempo que podría haber empleado en dar los primeros pasos e ir mejorando sobre la marcha.

2. El momento de acabar. Mientras queden detalles que pulir, el perfeccionista no pondrá el punto final. (A saber qué tan grande es la influencia de esos detalles sobre el resultado final…)

3. Creatividad. La rigidez en cumplir con pasos y detalles escrupulosamente le deja un espacio reducido a la curiosidad y a la posibilidad de probar otra manera de hacer las cosas.

4. Calma y satisfacción. El perfeccionista saborea menos veces ese sentimiento agradable de haber terminado un trabajo. Es frecuente que se quede pensando en qué le faltó o en cómo podría haberlo hecho mejor, arrinconando la alegría por lo bueno que sí hizo.

5. Conexión en sus relaciones. Si traslada su inquietud perfeccionista a sus relaciones personales, es probable que la gente marque un poco la distancia.

¿A quién le gusta convivir con alguien que únicamente presta atención a sus errores?

 

Desde aquí le encontramos más inconvenientes que ventajas al perfeccionismo. Preferimos la calidad, la efectividad o lo que resulte más adecuado, según el momento.

Pero eso es tan sólo una opinión. Eres tú quien ha de comprobar y decidir qué es lo que más le beneficia.

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