¿Te atreves a formarte tu propia opinión?

¿Dudas que estés cualificado para tener tu propia opinión sobre un asunto? ¿Prefieres que opinen los expertos, que son los que saben?

Es verdad. Hay expertos y personas que saben un poquito más que tú (y que yo, ni se diga). Pero eso no te quita la capacidad de pensar por tu cuenta.

Para eso tienes un cerebro: para aprender; para escuchar a los demás. Y, con todo eso, elaborar una opinión propia.

Una opinión que, tal vez, no esté tan bien sustentada como la de un experto. O, de plano, puede que esté equivocada. Pero es la tuya. Tienes derecho a tenerla.

Si posteriormente descubres que estabas equivocado o surge un punto de vista sobre el asunto que te convence más que el que tenías, puedes cambiar de opinión. Es probable que pase en algún momento, si sigues aprendiendo y escuchando a los demás.

maquinaria

Intentar comprender, pensar por tu cuenta y tomar tus propias decisiones son hábitos ligados a una autoestima sana.

Las personas con una autoestima sana encuentran valor en los aportes y opiniones de los demás, pero también respetan sus propias opiniones. Porque se las han trabajado y han tenido el valor de forjarlas.

El mismo valor que van a demostrar cuando Fulanito les dé argumentos desde una posición contraria y admitan que dichos argumentos son buenísimos. Genial. Ahora tienen nuevo material desde el que replantearse su opinión.

Pensar por cuenta propia no equivale a tener siempre más razón o menos que el resto. Más bien, es un acto de respeto hacia uno mismo; de valorar la propia capacidad y de reclamar el derecho de pensar libremente.