Algunas ideas para aprovechar la envidia a tu favor

Cuántas antipatías genera la envidia… Y con razón. Este sentimiento puede destruir a quien lo padece y a la persona que lo despierta, a menos que aprendamos a manejarlo.

Partamos de nuestra experiencia, si te parece, ya que todos conocemos este sentimiento de primera mano. Creo que, precisamente por eso, no nos gusta. Resulta incómodo, corrosivo.

¿Verde esperanza? No, verde envidia

La envidia suele ir ligada a la competición. Por tanto, afecta más cuando te comparas con los que juegan en tu misma liga.

Si Pepe Anónimo consigue la hazaña de su vida, a lo mejor te da un poco de pelusilla cuando te enteras. Poca cosa. Te afecta más que al Pepe que trabaja en la misma empresa que tú consiga un ascenso cuando, supuestamente, los dos tenéis una cualificación parecida.

Salta la alarma. La emoción se activa automáticamente, sin que lo puedas evitar en este caso: Tú querías ese ascenso y lo tiene otro.

verde de la envidia

Como lo que sientes es desagradable y, además, tiene una reputación horrenda, no vas por ahí diciendo: ¡Qué envidia me da Pepe!

Es más, incluso puede que intentes ocultarte lo que sientes a ti mismo con unas cuantas maniobras:

Qué injusto. ¿Cómo le dan el puesto a él, habiendo gente mejor preparada? Vamos a ver cuando le toque hacer… (tal cosa). Quedará en evidencia que no se merece el ascenso.

A partir de ahí, ya estás pegándote un tiro en el pie. Lo empeoras si esos pensamientos se concretan en acciones poco edificantes. Por ejemplo, una actitud hostil hacia Pepe, críticas, cotilleos sobre su persona, etc.

¿Podemos manejar esta situación de otra manera?

Claro que sí. Y tendremos ocasiones para practicar. A ver qué te parece la propuesta que sigue.

Empecemos por reconocer que no vamos a poder evitar todas las ocasiones en las que sentimos envidia. Ésta surge, como un chispazo, para llamar la atención sobre algo que nos interesa. Ésa es su función.

El punto que nos concierne es otro: qué hacer cuando se produce el chispazo, para que no nos perjudique ni a nosotros, ni a los demás.

Volvamos al ejemplo de Pepe, el recién ascendido. La noticia produce en ti el chispazo. Eso no lo puedes evitar. Pero sí puedes hacer una lectura distinta de la situación.

1) Aceptando lo que no te gusta: Sí, te afecta que hayan ascendido a Pepe y a ti no. Es lo que hay.

2) Recordando tus puntos fuertes. En lugar de rebajar a Pepe para sentirte mejor, deja a Pepe fuera de la jugada. Piensa en tus últimos logros.

Piensa en los proyectos que has sacado adelante. Piensa en cómo te has preparado. Piensa en lo que puedes y quieres hacer. Cosas de ese tipo.

La idea es que esos pensamientos actúen de cortafuegos, para evitar que el chispazo inicial llegue muy lejos.

Porque a Pepe lo podrías perjudicar con cotilleos, críticas o caras largas. Pero, si no paras el chispazo, tú también pierdes. Por lo mal que te sientes y, además, porque dejas de aprender de Pepe.

Eso es importante. Si dejas que la envidia se descontrole, cualquier cosa que haga Pepe te molestará. Ten la envidia bajo control. Y así podrás ver las buenas ideas que tiene Pepe y cómo se desenvuelve.

La envidia es un obstáculo en el aprendizaje. Cuando descubres que quieres conseguir o llegar donde está otro, te conviene ir virando la envidia hacia la admiración, para aprender qué necesitas hacer para lograr lo que quieres.

¿Qué tal te suena?