3 Maneras de malgastar el día

¿Qué vas a hacer hoy? Supongo que en tu plan habrá un poquito de todo; habrá actividades que te gusten más y otras que te gusten menos, pero las incluyes porque son beneficiosas para ti.

Cuando hacemos nuestro plan del día, lo ideal es que lo cumplamos sin dejarnos fuera lo importante. Esto, a veces, no sucede por causas que no están en nuestra mano. Y otras veces no sucede por causas que sí hubiéramos podido abordar.

Puede haber ciertos hábitos o errores que interfieran en nuestros planes. Hablemos de tres muy comunes en los que malgastamos tiempo.

¿Para quejarnos y avergonzarnos por ellos? No, amigo. Observémoslos para ver si les encontramos soluciones.

grifo

1. Te arrastran las distracciones

Ah, las distracciones… Son esas moscas metafóricas que raptan tu atención, cuando se supone que debería estar volcada en algo más importante.

Será la tecnología o cualquier otra actividad que te resulte más placentera que la misión que tienes delante. El caso es que te cuesta tirar de ti para cumplir con lo que tenías planeado para esta hora. ¿Soluciones?

1. Haz sitio a tus distracciones preferidas. Resérvales un hueco para que no irrumpan en tus otras actividades.

2. Divide tus tareas e inserta pequeños descansos entre ellas. Muy importante: Mientras estés en una mini-tarea, piensa sólo en esa mini-tarea.

3. Progresa gradualmente. Si te distraes con cualquier mosca que sale al paso, no seas tan estricto.

En caso de que la falta de concentración sea tu pan de cada día, comienza entrenándote con una o dos actividades. Enfócate en eso. Y, a partir de ahí, vas extendiendo este buen hacer a tus otras tareas.

2. Tienes muchas cosas que hacer y todas son importantes

No, no… Todo lo que tienes que hacer no es lo mismo de importante. Entre ellas, hay prioridades y éstas han de ocupar un lugar preferente.

Estar muy ocupado y ser productivo no son lo mismo. Porque, cuando estás hasta la bola de trabajo, es difícil que puedas progresar significativamente en la marabunta de cosas que haces. ¿Soluciones?

1. Quita lo que sobra. Aunque a ti te parezca que no lo hay, tal vez sí encuentres en tu lista una actividad que, de momento, no tiene que estar ahí.

2. Decide qué es lo más importante para ti. Si es menester, revisa tus prioridades. Y a éstas dedícales más atención, tiempo y esmero que a todo lo demás.

3. Las dudas e inseguridades se llevan mucho tiempo

Desde luego que sí. Cunde más cuando decides que vas a hacer esto, aquello y lo otro. Punto. De una actividad, te mueves a la siguiente.

Y todavía es mejor cuando te encuentras con la actividad que toca y tienes claro cuáles son los pasos que vas a seguir con ella.

La dispersión, las dudas y el miedo a hacerlo mal son sumideros de preciosas horas. ¿Soluciones?

1. Haz un plan realista de lo que vas a hacer hoy. Ten en cuenta el tiempo del que dispones y la dificultad de las tareas. Selecciona bien.

2. Tira el perfeccionismo a la basura. Todas las tareas no requieren el mismo esmero. Da más de ti en las tareas importantes. Pero, si ésas hoy no quedan “perfectas”, no te agobies por ello.

3. Avanza con lo que tienes. Pierde el miedo a los errores. Si necesitas hacer algo, utiliza la información, el tiempo y los medios que ahora mismo tienes a tu alcance.

Seguramente progreses. Pero, si no lo haces, te enseñarán los errores e identificarás el camino “bueno” antes que si te quedas paralizado con las dudas.

Esas soluciones no son las mejores ni las únicas. Son unas cuantas que yo he ido aprendiendo e incorporando a mi repertorio. ¿Cuáles son las tuyas?

Si identificas ciertos tropiezos por los que malgastas un tiempo valioso, usa ese descubrimiento para probar a hacer las cosas de manera distinta. Así, hasta que te sientas a gusto con la manera en la que empleas tu tiempo.