Ideas para practicar el valor en los retos cotidianos

Quedémonos con los miedos del día a día. Ésos que son mejor descritos por la palabra “inseguridad”. ¿Qué te parece si apuntamos ideas para manejarlos?

En algún momento, a muchos se nos despiertan las inseguridades, las dudas. Crecen convirtiéndose en un monstruo terrible ante situaciones que, quien las vive desde afuera podría pensar: “Jolín. No es para tanto.”

¿Qué situaciones? Hablamos de éstas:

  • El miedo a no dar la talla en un trabajo.
  • El miedo a quedar mal delante de un grupo de gente.
  • El miedo a fracasar en tu objetivo.
  • El miedo a confesar tus sentimientos y verte rechazado.
  • El miedo a decir que NO a una petición.
  • O similares.

pequeños miedos

La vida no está en juego en estos escenarios. Aunque, quienes nos hemos asustado en situaciones de éstas, sabemos que se pasa un mal rato.

Si bien cada cual afronta (o evita) estas situaciones a su manera, hay una cosa que a ninguno nos va a funcionar: negar el miedo y convencerte de que no lo sientes.

¡Soy muy valiente! A mí esto no me da miedo, ¡qué narices!

Ya habrás visto que ir en contra de la emoción sirve de poco. Sigues con el nudo en el estómago, por mucho que trates de convencerle de que se desanude.

Lo que sí tiene más probabilidades de funcionar es enfocarte en los pensamientos que originan la emoción. Y, para eso, has de cazarlos cuando aparecen por tu mente.

Te pillé, pensamiento cobarde

Cuando temes hacer el ridículo en público, por ejemplo, ninguna de las personas te está apuntando con un arma, se supone.

Son tus pensamientos los que montan la película. Tal vez, por experiencias anteriores de las que no saliste bien librado o por cualquier otro motivo. Como sea, lo que piensas que va a pasar es lo que provoca el miedo; no tanto la situación en sí.

Se van a burlar de mí si hago esta pregunta…

Ya apareció el pensamiento cobarde. Atrápalo y date cuenta de que ese pensamiento y otros cuantos del estilo son los que provocarán el nudo en el estómago.

Identificar estos pensamientos es el primer paso. Porque, gracias a esto, podrás generar otros pensamientos para quitarles poder a los cobardes.

Éstos, por ejemplo:

  • Recuerda situaciones en las que venciste miedos. ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo te sentiste?
  • Recuerda situaciones en las que te dejaste vencer por el miedo. ¿Qué tal te sentiste en éstas?
  • Acude a modelos de valor. Piensa en personas que sean una referencia positiva para ti y ponte en su pellejo. ¿Cómo saldría de esto esa persona?
  • Piensa en lo peor que puede pasar. ¿Podrías manejar las consecuencias? (Seguramente, sí.) 😉
  • Piensa en tus objetivos a largo plazo. ¿Cómo impactará en ellos que afrontes la situación o que salgas corriendo?

Vamos, no tienes porqué pensar en todo lo anterior. Pero sí puedes ver qué te funciona y practicar con eso.

La próxima vez que te veas (o nos veamos) en una de estas situaciones incómodas, ahí está la propuesta:

  1. Identificar qué pensamientos están detrás del miedo.
  2. Respirar con calma.
  3. Generar pensamientos que vayan en línea con lo que queremos hacer.

¿Te suena bien?