¿Para qué sirven los objetivos?

¿Qué te mueve? ¿Qué es importante para ti? Ése es el punto de partida de los objetivos: tus sueños, prioridades, razones o como los quieras llamar.

Quizás lo suyo sea emplear distintos nombres, ya que hay muchos tipos de objetivos: a cortísimo o a largo plazo; modestos o ambiciosos; razonables o “locos”.

Como sea, la finalidad de los objetivos es conectar “eso” que tú quieres con tu vida cotidiana.

canasta

Alcanzar tus objetivos es la guinda del pastel. Su verdadera importancia radica en el entusiasmo que sientes hoy, cuando trabajas por ellos.

Tal vez conquistes esas metas o puede que no. Quizás cambien tus prioridades y, con ellas, cambien tus objetivos. Aun así, el tiempo que inviertes trabajando en tus viejos objetivos sirve.

Sirve para darle sentido a una etapa. Y, probablemente, sirve para trasladar ciertos aprendizajes a nuevas metas.

Creo que el mayor problema, en lo tocante a los objetivos, no es que fracases o que, llegado a un punto, te desmotives. De eso te recuperas y sigues adelante. El problema mayor es la apatía.

La apatía suele entrar en escena cuando se te olvida qué es lo quieres hacer con tus días; qué razones tienes para levantarte; qué te importa… Entra en escena cuando te mueves en automático o persigues las metas que a otros les parecen convenientes.

Quien sabe lo que quiere y actúa cada día conforme a ello, se libra de ese problema. Sus deseos o prioridades son una fuente de motivación. Desde ahí, traza sus objetivos.

Para eso sirven los objetivos: para conectar lo que haces y el rumbo que quieres tomar con lo que es importante para ti.

Bueno, habrá días de confusión, de fracaso, de cansancio, que tocará superar. Pero, ya te digo, creo el problema más gordo lo tiene quien no define qué es lo que quiere hacer con su vida.

¿Qué piensas tú?