Hacer sitio a lo importante cuando hay prioridades en conflicto

¿Hay algo importante para ti que se queda en el tintero porque hay otras prioridades reclamando tu tiempo y tu atención?

Esta situación es muy frecuente. Hay personas que quieren (y necesitan) hacer ejercicio, pero el trabajo y otras responsabilidades interfieren con esta actividad importante.

El ejercicio físico es sólo un ejemplo de tantos. Puede que comprarte algo que te hace falta interfiera con tus metas de ahorro. O que un curso te pida un tiempo que reservas para tu familia y amigos.

En un momento u otro, todos encontramos actividades o experiencias de ese tipo que “chocan” y se disputan nuestros recursos. Elegir una de ellas supone renunciar a otra, que también es importante.

demasiado

¿Has de renunciar necesariamente?

Ésa debería ser la última opción. Y, en todo caso, no debería tener carácter definitivo. ¿Te imaginas dejar de hacer ejercicio porque esta actividad interfiere con otras prioridades? ¿En serio? ¿Durante toda la vida?

Antes de renunciar a una actividad importante (para ti) te conviene estudiar otras posibilidades.

Está claro que, para que la actividad importante quepa en tu horario, has de hacerle un hueco y eso supone recortarle tiempo (u otros recursos) a otras actividades. Pero, ¿por qué recortar de las más importantes?

Curiosamente, cuando pensamos en recortar (y esto también vale si hablamos de dinero), nuestra mente enfoca aquello que más llama la atención, que es lo que tiene un mayor valor para nosotros.

Enfoca el trabajo, la familia, el descanso, etc. Cuando, tal vez, podamos hacer el recorte en actividades de poco valor o en distracciones tontas.

En mis aventuras de pueblo, a veces he encontrado a personas charlando con otras sobre la cantidad de cosas que tienen que hacer a diario. ¡Una barbaridad!

Hago mis recados. Paso un rato después por el mismo sitio y ahí siguen despidiéndose. Porque la comida tiene que estar hecha a las dos. ¡Y mira qué hora es!

Desde luego, socializar es importante. Pero así, con la cabeza puesta en la montaña de tareas que te espera, a ver quién socializa a gusto.

En fin, luego seguirán diciendo que no tienen tiempo para “X”. O seguiremos. Porque muchos de nosotros queremos hacer unas cosas y después nos dedicamos a otras que, tal vez, sean menos importantes.

Ahí tenemos, por tanto, la primera posibilidad: Recortar en lo accesorio.

1. Haz una auditoría de tu tiempo

Antes de descartar una actividad importante, fíjate en lo que haces en un día “normal”. Obsérvalo. Puede ser que descubras un hueco quitando distracciones.

¿Y si no es así? Si no es así, sigues teniendo opciones.

2. Rebaja tus expectativas

Si no quieres renunciar a tus prioridades o a otras actividades, distribuye de otra manera tus recursos.

Vale. Ahora mismo no sacas una hora para hacer ejercicio. Pero sí puedes hacer “menos bien” otras actividades para que te sobren veinte minutillos.

En lugar de pensar en los impedimentos, busca la manera de hacer lo que quieres. Es muy probable que la halles, aunque no sea tan perfecta como a ti te gustaría que fuese.

¿Tampoco funciona? ¿Sigue habiendo conflicto con otras prioridades?

3. Pon la actividad importante en “Pause”

No dejes para siempre el ejercicio físico o la actividad importante que, ahora mismo, no ves la manera de cuadrar con tus otras actividades.

Puede que más tarde sí encuentres el modo. Además, la vida cambia y, con ella, cambian nuestras prioridades. No te presiones. Date un tiempo.

Lo último, ya te digo, es darle carpetazo definitivo a una actividad o experiencia que es importante y beneficiosa para ti. Antes, busca otras opciones.