Si te dolió, te dolió. Acéptalo así.

No, no me duele. Ha sido un golpecito de nada.

Eso es lo que te digo para quitarle importancia al golpe que me he dado con la puerta, mientras sigo viendo las estrellas.

¿Qué consigo con ello? Por una parte, intentar no poner mucha atención en el dolor (aunque en este instante sea el protagonista absoluto). Por otra, pasar menos vergüenza ante los testigos, que empiezan a reírse de mi torpeza.

Afortunadamente, en este caso sale bien la jugada. El dolor pasa pronto y el incidente queda atrás. Pero no siempre ocurre de esta manera.

Pensemos en el dolor emocional, que es menos visible y evidente. Todos lo hemos sentido. Y, alguna vez, con tal de alejarnos de la pena o de evitar el bochorno, hemos hecho lo mismo que con el golpe con la puerta: quitarle importancia.

  • Sí, bueno… la chica me dio calabazas. Pero tampoco es que yo tuviera un interés excesivo en ella
  • Lo eligieron a él para el puesto. ¡Bah! Yo prefiero tener más tiempo libre.
  • Me engañaron con el negocio. Pero no me sacaron dinero que me hiciera falta. Sólo cuatro duros. Cosas que pasan

cicatrices

Cuando te duele, te duele

No hace falta proclamarlo a los cuatro vientos. Pero ser honesto con uno mismo es lo mínimo.

Ignorar el dolor y hacer como que no existe no es la respuesta. Para ti el hecho fue importante y la decepción te dolió. Eso es lo que sientes y estás en tu derecho de sentirlo. Faltaría más.

¿Acaso experimentas alivio dándole la espalda a lo que sientes? ¿Qué importancia tiene lo que otros puedan pensar, cuando eres tú quien está viviendo esa situación?

Si estás herido, lo estás. Al menos, en este momento. Acepta tu dolor. Búscale un cauce, si quieres. Pero no lo ignores o le quites importancia, porque ésa no es la manera en la que se curan las heridas. Si acaso, te sentirás más dolorido e incómodo con el auto-engaño.

Paciencia. Llegará el momento en el que el dolor menguará y sí puedas ver la situación de otra manera. Tal vez, antes de lo que tú crees. Entonces, quizás hagas otra lectura de la experiencia. Mientras tanto, si te duele, no te engañes.

Es una idea más para tenerla en el botiquín emocional, aunque espero que no tengamos que probarla muy a menudo. 😉

Imagen de -Delphine –