Al dolor que puedas dejar ir, ábrele la puerta

Hay penas que no se van. Permanecen ancladas firmemente a tu memoria. Cuando un pensamiento las despierta, el dolor regresa. Tal vez no puedas evitarlo.

Pero sí podrías no ahondar en él. Podrías no darle más y más espacio. La herida ya dolió bastante en su día. Y aprendiste lo necesario de la experiencia.

Junto a estas penas profundas, quizás guardes el recuerdo de otras, menos trascendentes. Hasta llegar aquí, has pasado por pruebas duras que dejaron su huella.

Se juntan tantas penas… Recuerdos de incidentes desafortunados, de expectativas fallidas, de acciones de otros que te hicieron daño, etc. ¿Podrías liberarte de algunas de ellas?

puerta abierta

Puede que sí. Quizás, de algunas que tú mismo mantienes vivas con la culpa, con el rencor o con el deseo de que el futuro te retribuya por el daño que sufriste.

Podrías hacer lo que está en tu mano para que el dolor no se alargue o se clave más en tu memoria. Podrías aceptar. Podrías perdonar, para liberarte de ese dolor y darte la oportunidad de seguir adelante.

Una oportunidad para ti. Y para tu memoria, más espacio donde guardar recuerdos agradables. Permite que nuevas alegrías puedan ocupar el lugar de viejas penas.

Si quieres, abre la puerta para que salga el dolor y puedan entrar la luz, el calor, la esperanza. Sólo tú puedes hacerlo.

Imagen de Hamed Saber

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