3 Ideas que te ayudarán a ser constante

Hay una serie de objetivos o hábitos cuya dificultad no estriba en las acciones a realizar, que son muy simples. Ejemplos archi-conocidos:

  • Ahorrar X cantidad de dinero para invertir en X cosa.
  • Perder X kilos de aquí a una fecha determinada.
  • Hacer del ejercicio físico un hábito y mantenerlo para siempre.

Repites unas acciones simples consistentemente y, con el tiempo, ves resultados. Y ahí es donde hallas la dificultad: en la constancia.

No te pasa sólo a ti. Para todos es difícil ejecutar una serie de acciones de manera consistente.

A veces encuentras obstáculos emocionales. Partes con las mejores intenciones. Pero, a la hora de la hora, las emociones se ponen en contra: te sientes cansado, abatido, frustrado…

Otras veces, la vida te sorprende: alguien en casa se pone enfermo, necesitas trabajar horas de más, empieza una tormenta de nieve cuando estás a punto de salir a correr… Las sorpresas son prácticamente infinitas y hay que contar con ellas.

¿Se puede ser constante habiendo tantos obstáculos en el camino? Salvo en caso de catástrofe, SÍ. Ello lo demuestran cantidad de personas que avanzan en sus metas, pese a las dificultades.

La pregunta, más bien, es CÓMO lo vas a hacer en tu caso. Y, por si no sabes por dónde empezar a diseñar tu estrategia, aquí tienes tres puntos a considerar.

caminando

1. Date cada día la oportunidad de elegir

Cuando dependes de la motivación para hacer la acción que necesitas hacer, te estás quitando a ti mismo la posibilidad de elegir.

Las ganas no son excusa. No hay ninguna fuerza misteriosa que te esté aplastando y te impida moverte. ¿Cuántas veces has hecho cosas sin tener ganas? Muchas. Y has podido hacerlas.

Cada día, puedes elegir si hacer o no hacer lo que tú creas conveniente, por las razones que sean. Pero la motivación déjala fuera de los impedimentos.

Además, motivación ya tienes. Puede que un día (o más de uno) estés desganado para hacer ejercicio, para preparar una comida sana o la acción que te concierna. Pero sigue motivándote la razón principal por la que tú te trazaste ese objetivo. ¿O no es así?

2. Suma pasos imperfectos

Empieza por poquito. Deja que ese poquito vaya siendo una parte habitual de tu día a día. Y, cuando lo tengas asentado en la rutina, vas subiendo en dificultad.

Ejemplo: En lugar de empezar corriendo dos horas todos los días, empieza corriendo 20 minutos. Lo primero es insertar la acción en la rutina cotidiana.

¿La perfección? Ahórratela también. Es más un obstáculo que otra cosa. Si el día no se presta a que ejecutes tu acción de la manera que tú quisieras, haz lo que puedas con lo que tengas a mano.

Si quieres diez y sólo puedes tres, haz tres. Si te equivocas por la mañana, intenta acertar por la tarde. Y, si metes la pata hasta el fondo, empieza de nuevo desde el nivel donde te sientas cómodo.

La cosa es centrarte en sumar, en seguir sumando un paso tras otro. Unos días darás más, otros menos. Unos serán más bonitos y otros más feos.

Da igual. Lo que importa es sumar. O volver a sumar, en caso de que lleves una rachilla restando. Deja la culpa… ¡y pa’ lante!

3. Prevé soluciones para dificultades frecuentes

La vida es impredecible. No puedes saber qué obstáculos vas a encontrarte ni hacer un plan infalible ante cualquier contingencia.

Pero quizás sí puedas anticiparte a dificultades que suelen darse periódicamente en tu caso. Por ejemplo: días en los que te toque trabajar de más, el alboroto de las vacaciones, otras fechas especiales, etc.

Y, desde luego, puedes utilizar la experiencia de traspiés anteriores. Como la de esas veces que sucumbiste al placer del momento y decidiste saltarte el ejercicio (o lo que fuera) ese día.

Ahí está tu creatividad para diseñar un plan B: para cambiar de horarios, de lugares, de ritmos o de lo que haga falta, con tal de sumar el pasito que se pueda.

Yo no soy muy creativa en ese sentido. Las acciones que requieren más constancia suelo ponerlas al principio del día y así esquivo muchos imprevistos. Pero cada hábito/objetivo requiere medidas diferentes, que cada uno ha de adaptar a su estilo y circunstancias.

Es eso lo que te toca pensar: cómo lo vas a hacer en tu caso. Porque “poder”, claro que puedes ser constante con lo que decidas. Especialmente, si te respalda una razón importante para serlo.