¿No es el momento o le tienes miedo al fracaso?

Decides que no es el momento para dedicarte ahora a ese objetivo. Hay otros asuntos importantes que atender. Pero, si tuvieras tiempo o estuvieras más despejado, desde luego que lo abordarías.

Hay objetivos que esperan: dejar de fumar, hacer ejercicio, aprender algo nuevo, etc. Y no siempre se quedan esperando porque no sea su momento, sino por miedo al fracaso.

Antes de seguir con la reflexión, acordemos algo: dejar las culpas y los autorreproches a un lado. Pensemos en la verdadera razón que hay detrás de los objetivos aparcados para poder resolver el asunto, cuando decidamos hacerlo.

Eso es importante. Porque, tanto tú como yo, podemos llegar a creernos la misma mentira a fuerza de repetirla: Ahora no es el momento.

tapa sus ojos

Diciendo que no es el momento, sonamos responsables ante esos otros asuntos que son prioritarios. Ponemos nuestros cinco sentidos en las muchas complicaciones y tareas del día a día.

Así no tenemos que pensar en eso que estamos haciendo a un lado y, de paso, nos sentimos seguros.

Mientras no lo intentemos, no existe la posibilidad de hacerlo mal. No hay estrés añadido, aburrimiento y ni otras incomodidades. Al contrario, nos quedamos con una conclusión reconfortante y convincente: No es el momento.

¿Fracaso garantizado o éxito incierto?

Con el autoengaño (ojo, si es eso lo que está ocurriendo) estamos garantizándonos algo que no queremos: fracasar absolutamente, cero avances.

Intentándolo, aun en el supuesto de hacerlo rematadamente mal o dejarlo tras un tiempo, habríamos avanzado algo. Pero, ¡jolín!, es que sabe muy mal ser testigo de primera mano de no ser lo suficientemente bueno. A eso le tenemos más miedo que al fracaso rotundo.

Si ése es el verdadero problema, no lo vamos a resolver esperando el momento ideal. Ése no llegará. Como sí podemos resolverlo es buscando una manera diferente de aproximarnos a lo que queremos.

No existe una única manera de abordar un objetivo. Podemos experimentar, probar a aproximarnos a él de diferentes formas, quitándonos de encima la presión de hacerlo bien de primeras.

Podemos dar unos primeros pasos imperfectos, imprecisos y ver qué tal nos va. Quizás nos encarrilemos rumbo al éxito. Pero, si no es así, el pequeño avance, lo que hemos aprendido y las agallas de intentarlo son una ganancia.

Sin presiones. Sin reproches. Sin exigirte lo perfecto. En caso de que tengas un objetivo aparcado que sea bueno para ti, piensa en cómo acercarte un poquito hoy. Es una sugerencia.

La vida es corta y el momento ideal no existe. El adecuado, sí. Y ése puedes elegirlo tú.