Lo que haces nos ofende. ¿Y qué? Es inevitable.

¿Molestar? ¿Ofender? No lo haces adrede. Pero es inevitable que ocurra cada vez que tus acciones traslucen al exterior.

  • Si das tu opinión sincera sobre una cuestión, molestarás a unos cuantos que piensan lo contrario. ¡Qué barbaridades dices!
  • Si haces deporte, no faltará quien suelte que los deportistas tienen el cerebro de adorno.
  • Si defiendes los derechos de los animales… Por favor, ¡las personas están antes!
  • Si estudias mucho y sacas buenas notas… Vaya empollón estás hecho.

Da igual lo que digas o lo que hagas. Siempre habrá alguien que se moleste. Seguro, seguro.

¿Y a eso qué sigue? ¿Sientes la necesidad de justificarte ante quien se molesta u ofende por lo que haces?

Si yo te miro expresando vergüenza ajena mientras tú bailas tu canción favorita, ¿necesitas explicarme porqué te gusta o hacer algo para que yo me sienta menos incómoda?

ofensas

Pues, no. Muchas veces, no necesitas hacer nada. Ni hacia mí ni hacia el enjambre de sentimientos que hieres cada vez que estás siendo tú mismo. 

Si lo hicieras, podrías pasarte la vida entera preocupado por cómo puedan sentirse los demás, dando explicaciones y tratando de ser lo más agradable posible.

¿Para qué? ¿Acaso la gente aprecia más a los que se comportan como un felpudo? ¿Acaso existe un lugar, una actividad o una manera de pensar que no genere rechazo en otras personas?

No existe (que se sepa). Acepta que habrá gente en tu contra. Acepta que el rechazo es inevitable. Y deja que los demás se ocupen de sus sentimientos.

Además, quien se molesta no siempre tiene la razón. ¿Razón? Eso queda al margen. Aquí lo que vemos es una reacción emocional.

  • ¿Tengo yo la razón cuando te miro mal mientras bailas?
  • ¿La tiene el que te insulta cuando vas al volante? ¡Mujer tenías que ser!
  • ¿La tiene quien te dedica una bonita pulla cuando se entera de tus hábitos alimenticios?

Estamos molestándonos a lo tonto, sin que tú nos invites. Te “atacamos”. Y tú, ¿preocupándote de que nos sintamos mal?

Se entiende que no quieras herir a los demás y que trates de arreglar malentendidos u otras situaciones tensas. Es natural cuando la otra persona te importa y, además, significa que eres buena gente.

Pero no tienes porqué preocuparte por los sentimientos de TODOS nosotros. Pierde el miedo a que te importe un pimiento si nos ofendemos o nos dejamos de ofender. Déjalo estar.

Dedica ese tiempo a avanzar en tus relaciones y proyectos importantes. A nosotros, los haters y trolls del mundo, a ver si nos da también por invertirlo en algo útil.

Imagen de Howard Dickins