Pequeñas decisiones: Cuando lo fácil no te conviene

Las pequeñas decisiones que tomamos a diario van dándole forma a nuestro futuro.

Tal vez sea abrumador y poco realista estar pendiente de todas esas decisiones y elegir siempre la mejor opción. Pero sí es realizable sumar más aciertos que errores, cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo.

Habrá momentos en los que tú y yo estaremos de cara frente a una de esas decisiones triviales del día y, tal vez, broten ante nosotros dos alternativas: la fácil y la menos fácil.

  • Las ocupaciones de hoy: ¿Las atiendo conforme lleguen o decido lo que voy a hacer y a qué horas?
  • Un problema que lleva tiempo dando la lata: ¿Lo dejo para mañana o le hago cara?
  • Un error propio: ¿Echo balones fuera o admito mi fallo?
  • Me piden ayuda: ¿Me ocupo de la acción (que es lo más rápido) o le enseño a esa persona para que pueda resolverlo sola la próxima vez?
  • Compro unos pantalones: ¿Los que lleva todo el mundo (porque están de moda) o los que a mí me gustan y me sientan bien?

contrario

Menos mal que contamos con los hábitos. Ya sabes, esa serie de acciones que realizamos “en automático” sin tener que decidir sobre ellas: cuándo comer, cuándo lavarnos los dientes, etc.

Los hábitos nos liberan de estar decidiendo continuamente. Pero, aun así, las pequeñas decisiones cotidianas siguen siendo abundantes.

¿Dónde te lleva lo que eliges?

¿Ser plenamente consciente de cada minúscula decisión? Bufff… Complicado. ¿Acertar siempre? Más difícil todavía.

Claro que el simple hecho de tener presente que puedes elegir y que, a veces, la opción fácil no es la más conveniente para ti ni la que va en línea con tus valores, hace que los aciertos crezcan.

Hoy, tanto tú como yo, tendremos variadas decisiones que tomar y con algunas dudaremos: ¿hago esto o lo otro?

Pensemos un poquito. Si lo fácil es lo oportuno y apropiado, adelante. Pero, si no lo es, espero que tengamos el coraje de elegir lo que más nos cuesta.