Atrévete a sentirte incómodo. No pasa nada.

¿Un mal momento? ¿Te sientes aburrido, triste, preocupado, enfadado, sin fuerzas para hacer lo que querías hacer ahora?

¿Cómo piensas manejar la incomodidad? ¿Te atreves a sentirla o prefieres aplacarla rápidamente?

Los momentos se suceden. En unos predominan unas emociones. En otros, emociones diferentes. Es sano y conveniente que aprendamos a vivir tanto las situaciones cómodas como las incómodas, ¿no crees?

Lamentablemente, nos estamos acostumbrando a huir de lo incómodo como de la peste:

  • ¿Te aburres con esto? Cámbialo por otra cosa.
  • ¿Estás triste? Ahoguemos las penas en licor.
  • ¿No puedes pagar ahora ese artículo? Sin problema. Cómpralo a crédito.
  • ¿Estrés? Una cubeta de helado nos espera en la cocina.

salvavidas

Se entiende. Todos preferimos el placer al dolor. Tanto nos urge huir de la incomodidad, que no consideramos que la opción placentera puede dejarnos en una situación peor que la del momento.

Y otro peaje que pagamos es el de hacernos cada vez más vulnerables ante lo incómodo. Al no tolerar incomodidades de tres al cuarto, ¿qué ocurrirá cuando sobrevenga un problema mayor? ¿De dónde sacaremos templanza emocional para abordarlo?

Una persona que no sabe manejar un leve rechazo o una que no sabe cómo estar aburrida durante diez minutos, ¿cómo harán frente a situaciones más complicadas o dolorosas?

Observa lo que sientes y atrévete a sentirlo

La vida es variada. Probablemente, hoy mismo vivirás momentos agradables y momentos no tan agradables. ¿La propuesta? No huyas de los incómodos mecánicamente.

Respira. Observa lo que sientes. Recuerda que, como pasa con la meteorología, es cambiante. Y recuerda que, a lo largo y ancho del mundo, otro está sintiendo lo mismo que tú.

Una vez hechas las paces con las emociones incómodas, puedes ayudar a hacer sitio a las agradables con esas pequeñas cosas que tanto nombramos por aquí: dar un paseo, llamar a un amigo, escribir, meditar…

Te despejas, te calmas y, así, estás en condiciones de elegir una respuesta distinta, en lugar de precipitarte hacia lo primero que te quite el malestar como si te estuvieras ahogando en él.

No te estás ahogando. No pasa nada. Saldrás vivito y coleando de ahí. Y, es más, atreviéndote a experimentar lo incómodo, más gusto le sacarás a lo agradable, que está a la vuelta de la esquina.

Compruébalo con esas incomodidades cotidianas. Practica. Hazte un poquito más resistente. Así es como todos vamos aprendiendo. Ésa es la propuesta.