Lo que solía motivarte ha perdido su efecto. ¿Y ahora?

Simplificando el asunto, nos suelen motivar dos grandes cosas:

  1. La recompensa de hacer lo que tenemos delante.
  2. Evitar una consecuencia indeseable.

Lo suyo es que cada cual se construya un repertorio amplio, con ideas variadas para motivarse. Y que vaya alternándolas, adaptándolas, renovándolas.

¿Por qué es deseable que sea amplio? Porque, si siempre repites con la misma idea, llega un punto en el que pierde su gracia. Ya no te motiva igual. Pasa lo mismo si cada día comes tu plato preferido.

Si, por ejemplo, sueles motivarte en el trabajo pensando en lo que vas a cobrar a fin de mes y no sales de ahí, con el tiempo te acostumbras al premio y no te motiva tanto como al principio. Llega el fin de mes, cobras. Así un mes tras otro.

Con los castigos pasa también. De pequeña, yo no era muy buena para hacer las tareas del colegio. Me castigaban con quedarme a terminarlas después de clase. Con el tiempo, me acostumbré al castigo. Dejé de temerle porque siempre era el mismo.

¿Dónde llegamos con esto? A que es conveniente que recurras a tu creatividad cuando quieras motivarte a ti mismo (o a otra persona).

ideas colgadas

Hay cantidad de ideas que puedes probar. Aquí solemos repasarlas a menudo. Algunas son simples y aparentemente insulsas, como la de sonreír. Un gesto que el cerebro interpreta como: Tranquilo, que todo va bien.

Y, así, estando de mejor humor, puede que sea más fácil arrancar la tarea. O, tal vez, sentirte más cómodo con ella.

Tienes opciones que suelen ser efectivas para mucha gente. Por ejemplo, la de dividir lo que vas a hacer en tareas más pequeñas. O la de acercarte a personas que estén motivadas. (Qué bueno que esto se contagie, si te dejas.)

Hablando de eso, también tienes opciones más rebuscadillas. Por ejemplo, la de motivar tú mismo a otra persona. Es curioso el efecto boomerang de la motivación. Pruébalo.

Y, a unas muy malas, también tienes la opción de hacer lo que necesitas hacer sin que tengas ganas. Lo que a veces llamamos “desmotivación” no es más que inercia. Una vez que arrancas, te sientes de otra manera.

La motivación no es imprescindible para que cumplas con lo que te has propuesto. No hace falta todos los días. Pero siempre es preferible avanzar con ella que sin ella.

Por eso, para que puedas generarla más veces, te conviene tener tu propio repertorio, con variedad de técnicas o ideas que te motiven (a ti). Y que vayas rotando, actualizando, ampliando dicho repertorio, como haces para no aburrirte de comer siempre lo mismo.