Contempla el éxito de otro y deja que brille

¿Cómo te sientes cuando contemplas el éxito de otra persona? ¿Decides alegrarte cuando la ves celebrándolo?

No siempre es fácil alegrarse con el éxito ajeno. Hay personas que lo celebran de corazón, mientras que a otras les repatea, como te constará.

Quienes se deprimen o se molestan con el éxito ajeno, tal vez no tengan la menor intención de quitarle su trofeo al ganador. Simplemente, también quieren tener ese trofeo: ¿Por qué él/ella… y yo no?

Es humano. Un éxito ajeno puede darle bajón a una persona muy competitiva, a la que tenga la autoestima tocada, a la que esté pasando por una racha infernal, a la que haga carambola en todo lo anterior, etc.

Sin ir más lejos, a mí me ha pasado. Hace pocos años, que me iba de pena, no estaba de ánimos para escuchar lo bien que le iba a otro, porque su éxito despertaba mi sentimiento de fracaso.

Ahora no es que me vaya divinamente, pero practico aquello de no compararme y lo de mirar la misma cosa desde perspectivas diferentes.

Esa experiencia, la del éxito ajeno, cambia de color cuando te pones en los zapatos de quien lo está celebrando. Hagamos la prueba.

medalla

Hace su entrada una persona con éxito: ¡Tú!

Aquí llegas, feliz por tu éxito (de cualquier tipo: académico, romántico, laboral, etc.).

Te acogen personas que lo viven como si fuera un éxito propio. Pero también encuentras reacciones en contra.

Entre las contrarias, descubres odios, envidias, incomodidades y molestias (como la mía de antaño): ¿Tienes la poca sensibilidad de señorear tu éxito? Grrrr…

A nosotros, los contrarios, tu éxito nos sienta como una patada en el hígado, tal vez, porque el egocentrismo nos ciega y porque no tenemos en cuenta lo que has vivido hasta llegar a ese éxito.

  • No vemos todos los altos y bajos que has experimentado en el camino.
  • No vemos los días en los que te sentiste perdido, confundido o fracasado.
  • No vemos las veces en las que quisiste rendirte, pero seguiste adelante.
  • No vemos el tiempo que te ha llevado estar donde estás ahora.
  • No vemos tu dedicación, tu esfuerzo.
  • No vemos las acciones difíciles con las que te atreviste.
  • No vemos que, durante el camino, buscaste apoyo y abrigo en otras personas.
  • No vemos que te mereces lo bueno que ha pasado. De veras que sí.

Porque, si fuésemos capaces de verlo, lo difícil sería no alegrarse por ti. Y, de paso, se nos olvida que las cosas buenas (y malas) suceden para todos, sólo que en momentos diferentes.

Visto el panorama, prefieres acercarte a quienes te animan y celebran contigo el éxito. A ésos que saben que éste es tu turno de brillar y que el suyo está al caer. Porque tú eres una evidencia viva de que cosas buenas pasan para todos.

Unas veces vives éxitos en primera persona. Otras, los ves desde fuera. Cuando los focos apunten hacia otro, ¿qué quieres sentir al ser testigo de su éxito?