Empezar con muchas ganas y perder el interés al poco tiempo

¿Alguna vez te ha ocurrido? ¿Has comenzado con muchas ganas un objetivo o proyecto y perdiste el entusiasmo al poco tiempo?

A mí sí me ha pasado. Es una de esas experiencias frustrantes que conocemos casi todos, ¿no?

Entre que la novedad tira mucho y que nos seduce la idea de vivir lo bueno que otro experimenta, hay veces en las que nos dejamos llevar.

Comenzamos a practicar un deporte, a hacer ejercicio, a meditar… o lo que sea, porque nos dan ganas al ver a otros o al leer algo al respecto, quizás. El entusiasmo se nos pega. ¡Y nos lanzamos!

Pero este entusiasmo no es suficiente para continuar con un proyecto largo. (Necesitamos una estrategia.) Como ya hemos visto, las emociones vienen y van. Y, cuando disminuye el subidón inicial, es cuando te das cuenta de lo que no viste al inicio.

escape de agua

Descubres que no tienes un verdadero interés en ese proyecto u objetivo; que hay otros que te interesan más. O, tal vez, que sí quieres que “eso” forme parte de tu vida, pero en tus circunstancias actuales no le puedes dedicar los recursos que pide (energía, tiempo…).

Pensar antes de lanzarse

Las veces en las que hemos empezado pletóricos del entusiasmo y nos hemos desinflado rápidamente son buenas maestras. Si aprendemos de esas experiencias, podemos elegir mejor en lo sucesivo.

Ya no estamos tan verdes al encontrarnos ante futuros emprendimientos:

• Sabemos que las decisiones sobre nuevos proyectos u objetivos se toman mejor con la cabeza fría, una vez que las emociones están aplacadas.

• Sabemos que tal objetivo ha de alinearse con nuestras prioridades, cualesquiera que sean en este momento.

• En base a eso, las preguntas sobre porqué queremos meternos en ese proyecto, cómo nos las vamos a arreglar para continuarlo y cómo esperamos que nos beneficie nos las hacemos ANTES de lanzarnos.

• Y también somos conscientes de que habrá dificultades. Progresar no es cómodo. En algún punto del camino, habremos de tirar de disciplina, de persistencia y superar otros obstáculos.

Vale, vale. No todo el mundo se detiene a ver qué ha aprendido de sus experiencias para poder utilizarlo. Pero, si a nosotros nos da por hacerlo, ahí tenemos una buena base.

Bienvenidos sean los errores y los intentos fallidos, porque pueden aclararnos bastante las ideas.