Haciendo limpieza: ¿Qué sacarías de tu vida?

Un cambio positivo puede ser la mejora de algo existente (tu imagen personal, por ejemplo). Puede ser la incorporación de un elemento enriquecedor (tal vez, un nuevo aprendizaje).

Y, cómo no, también es un buen cambio quitar lo que está de más. ¿Hay algo que esté de más en tu vida? ¿Te imaginas viviendo libre de ello?

Hace unos días, salieron de casa un montón de objetos viejos que llevaba tiempo reuniendo. La sensación agradable de ver el espacio libre tiene poco que envidiarle a la que sientes cuando algo bonito entra en tu vida.

Es más, a veces es necesario que salga lo que estorba para que pueda entrar lo que sí quieres que esté cerca. Quien dice trastos, dice un mal hábito, una situación sin resolver o una relación que te resta tiempo para invertirlo en relaciones más positivas.

Sacar lo que no te hace feliz es una gran idea. Claro que, como no resulta fácil pasar manos a la obra o hay asuntos prioritarios que atender, es frecuente que se quede “ahí” por tiempo indefinido. A lo sumo, esperas que no moleste demasiado.

¿Qué tal si te decidieras a quitarlo de en medio? No siempre es tan duro como imaginas que lo será. Y difícilmente te arrepientas de haberlo intentado.

toca limpieza

¿Qué necesitas para empezar?

Mirarlo cara a cara. Hacer como que no existe (el problema, el hábito, la relación dañina), decirte que no es tan malo como parece o dejarlo que se resuelva por sí solo, quizás sólo retrase el momento en el que necesites hacerte cargo de la situación.

Mientras tanto, sin necesidad de que sea así, habrás de convivir con ese obstáculo. ¿Prefieres esto?

Mentalizarte de que te va a costar sacarlo. Si lo que quieres sacar está muy enraizado en tu vida, arremángate, porque te espera faena.

Poco tienes que temer en tal caso, porque no es la primera cosa difícil que enfrentas a estas alturas.

Aceptar que llevará tiempo. Es probable que la situación no se resuelva en un día. (Ojalá fuera así.)

Pero tampoco tú tienes porqué hacer todo el esfuerzo de golpe. Piensa en cómo abordarlo por pasos, uno después de otro.

Permitir que otros te ayuden, si lo necesitas. La ayuda puede ser directa o indirecta; venir de profesionales o de personas queridas.

Busca a alguien en quien confíes y deja que te eche una mano. Ése es un acto responsable. (Descuida, que ya te tocará a ti apoyar a otro.)

 

¡Venga! Si tienes claro qué obstáculo quieres sacar de tu casa o de tu vida, ármate de coraje. Libérate de ello. Regálate ese cambio.