Hasta llegar a la meta, cada paso cuenta

El éxito es el feliz desenlace del progreso que has venido haciendo en tu objetivo. Se produce cuando cruzas la línea de llegada.

¿Te ves llegando hasta ahí?

Por tus anteriores experiencias de éxito, te habrás dado cuenta de tres cosas:

  1. El éxito (el “momento final”) no se parece siempre a la imagen que tú tenías en mente cuando comenzaste a perseguir tu objetivo.
  2. Una vez atravesada la línea de meta, no acaba la historia. A partir de ese éxito evolucionas, por el mismo camino o por otros distintos.
  3. El éxito no se consigue únicamente con el último paso. Es necesaria la suma de todos los anteriores.

perseverancia

Quedémonos con el último punto, especialmente significativo en objetivos grandes. Si no puedes disfrutar del largo viaje hasta la meta, ¿qué sentido tiene el objetivo?

El éxito es la meta. Es la idea seductora con la que empiezas el viaje. Esperas que tu vida cambie a mejor cuando llegues ahí. Y decides que no te detendrás hasta cruzar la línea.

Bien. Pero lo crucial del viaje no se concentra en el instante en el que llegas al final. Son más numerosos los pasos que das antes de cruzar la meta.

Si sólo tienes en cuenta el momento final y el sabor de la conquista definitiva, tal vez te sepan a poco las pequeñas conquistas que vas realizando día a día.

Quizás consideres que vas muy despacio o que tu progreso no es suficientemente bueno, ya que no se parece a lo que a ti te gustaría que fuera.

Durante el camino, puede que te asalten las ganas de tirar la toalla, porque tu avance real no se corresponde con tus expectativas iniciales. Te desesperas con los tropiezos. Te frustras con los fracasos. Te entristece que tu esfuerzo no esté dando los resultados óptimos.

¿Cómo? ¿Por qué? Eso forma parte del viaje… y tú lo sabes. En el camino hay obstáculos (puede que muchos), hay errores, hay cambios en los planes y hay un montón de pasos imperfectos.

Entre la línea de salida y la de llegada es raro que haya una evolución impecable. Tenlo en cuenta.

Plantéate tu objetivo con claridad. Decide cuál es tu meta y para qué quieres llegar a ella. Y, después, provéete de la energía necesaria para perseverar.

Cuando eches a andar, valora cada avance, disfruta del camino. No te desanimes si tus pasos son pequeños o insignificantes. Todos no serán igual de vistosos y, aun así, forman parte del recorrido.

Cada traspiés del que te levantes, cada obstáculo que superes, cada pequeño logro que sumes estarán contigo cuando llegues a la meta. Cada paso es tan importante como el paso final.

Imagen de Thomas Hawk