Ideas para separar el trabajo del tiempo libre

Para situarnos, llamaremos “trabajo” al conjunto de responsabilidades (laborales, familiares, domésticas…). Y llamaremos “tiempo libre” al destinado al ocio y al descanso.

¿Cómo te las arreglas tú para separar una cosa de la otra? Difícil, ¿verdad? Es común que muchos de nosotros tengamos responsabilidades repartidas durante todo el día.

Desafortunadamente, también es común que, mientras estamos realizando una tarea, pensemos en otra o en el tiempo libre. Y que, mientras estamos relajados, se nos vaya la mente hacia asuntos de trabajo.

Ahí tenemos muchas ocasiones para practicar.

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La primera frontera: tus pensamientos

Alternar mentalmente entre varias actividades es poco productivo. Deja eso. Es agotador, estresante, enervante, cuando quieres responder ante asuntos muy variados durante el día.

La cosa parece sencilla: Realizar una actividad dejando afuera todos los pensamientos ajenos a la misma.

A mí me cuesta mantener la concentración en varias tareas largas que realizo a diario. Por eso suelo dividirlas en bloques. En el descanso entre bloques permito que circulen los pensamientos como les dé la gana. Y, cuando necesito concentrarme de nuevo, vuelvo a ponerles el “STOP”.

Hay personas con una elogiable capacidad para centrarse. Cuando juegan, juegan. Cuando trabajan, trabajan. Y, cuando duermen, lo hacen a pierna suelta.

Quizás tengan menos asuntos que atender (agilizar, delegar, eliminar responsabilidades secundarias ayuda a ello). O puede que se les dé mejor o hayan practicado más la concentración en lo que están haciendo.

Los demás, hemos de seguir practicando. ¿Es hora de trabajar? Todo lo demás, fuera de la mente. Y con el tiempo libre, la misma política.

También contamos con un instrumento imprescindible: el horario.

Un tiempo para cada cosa

(1) En las responsabilidades en las que pueda llevarse a cabo esta idea, es sano establecer una hora para empezar, una hora para acabar y hacer fijo ese esquema.

Todos los días, más o menos lo mismo, para que el cerebro se acostumbre a que ésa es la hora de trabajar.

Quienes trabajan fuera de casa, ya tienen decididas esas horas. Aunque tal vez tengan más responsabilidades esperando fuera que quieran poner en su horario.

(2) El tiempo libre también hay que decidirlo y respetarlo. Atender unos e-mails en fin de semana sólo porque tienes tiempo de hacerlo NO es una buena idea.

Descansar y divertirte hace posible que no se te vaya el santo al cielo mientras estás trabajando, anhelando escapar de ahí. Y, desde luego, que no te quemes con la horrible idea de que no tienes tiempo para ti, para vivir.

La transición entre actividades

¿Qué haces cuando te levantas? ¿Y cuando te acuestas? Probablemente, tengas un ritual para iniciar y terminar tus días. Un ritual que te sirve para activarte o desconectar, según el caso.

Para separar tus responsabilidades del tiempo libre también funciona esta práctica. Hay personas que para “situarse” en que es hora de trabajar, van entrando mentalmente en escena mientras toman un café. Es un ejemplo.

Otras, cuando terminan el trabajo, se duchan y se cambian de ropa. Así realizan la transición hacia el relax. ¿Qué haces tú para pasar de una fase a otra?

Recuerdo que hace pocos años yo trabajaba hasta poco antes de poner la cabeza en la almohada. Dormía peor y era menos productiva que ahora.

Aunque me quede bastante por mejorar, practicar estas tres cositas me ha ayudado. Te las dejo como resumen, por si te sirven:

  • Separar pensamientos. Dejar en espera los que no sirvan para la tarea de ahora.
  • Un horario, para actividades que se puedan colocar en él.
  • Y los pequeños rituales para entrar en situación.