¿Por dónde vuela tu mente durante los momentos fastidiosos?

Vive el momento como es, con lo que traiga, con lo que sientas. Qué bonito y sencillo es hacer esto cuando el momento es agradable.

Estás relajado en un entorno maravilloso, escuchando el sonido del mar mientras la brisa acaricia tu pelo. No te cuesta mucho sumergirte de lleno en las buenas sensaciones, ¿verdad?

Pero, ¿lo consigues cuando estás en un atasco de tráfico? ¿Qué tal cuando tu vecino monta la escandalera mientras tú quieres descansar? ¿Y cuando estás en una reunión con gente que no es de tu agrado?

Hay momentos que invitan a pensar en cualquier cosa con tal de escapar de ellos: en la cita con el dentista, en la mancha que no se va de la camisa… En lo que sea, pasado o futuro, real o fantasioso.

Desconectas unos instantes. Pero, cuando reconectas con el momento feo, retornan las emociones desagradables. A veces, multiplicadas por dos.

Se dobla la frustración, cuando vienes de visitar mentalmente momentos agradables y te reencuentras con el momento feo.

O se dobla la tensión, cuando vienes de pensar en tu interminable lista de tareas o en una discusión reciente. Y tú, ahí, metido en el atasco de tráfico. ¡Qué asco de vida!

bullicio

¿El truco para hacer el momento fastidioso menos fastidioso?

Mira, no te voy a engañar. Yo soy de las que, cuando están en un momento fastidioso, eligen volar mentalmente por derroteros más amables.

Lo hago muchas veces. He tenido buenas ideas (o no tan buenas) en momentos pesados, como el de esperar en la cola de una oficina.

Al reconectar con la situación, suelo tolerar bien la sensación de estar en un sitio que no me gusta, porque la espera ha sido productiva. Pero no siempre es así de productiva, como tú también habrás experimentado.

Estás haciendo cola o atrapado en un atasco y el malestar crece cuando tu mente explora por preocupaciones o escenarios desagradables.

En este caso sí parece muy recomendable no huir del momento. Vivirlo como es. Con su pesadez, con su frustración, con el coraje de que el tráfico no avance, dándonos permiso para sentir “eso” que no nos gusta.

No hace falta animarse artificialmente: – ¡Ay! ¡Un atasco! No es nada. La vida es bella.

El simple hecho de darnos permiso para estar tristes, cabreados o frustrados en ese momento ayuda a que las sensaciones desagradables no se acentúen. Si acaso, a que vayan disminuyendo.

Después de todo, el momento pasa. Y a éste, que no tendrá un lugar memorable en nuestra biografía, le seguirán momentos distintos.

Es bastante probable que vivamos momentos más placenteros. Tal vez les tomemos mejor el sabor si aprendemos a estar presentes incluso en los momentos feos.

Imagen de Nrbelex