¿Qué has aprendido de las tareas que más odias?

Tal vez “odio” sea una palabra muy fuerte para englobar a todas las tareas que no te gusta hacer. Pero, como la usamos a menudo para describir lo que se nos hace pesado, vamos a dejarla tal cual.

En tu mente, recopila cuáles son esas tareas cotidianas que te provocan sensaciones opuestas al placer. ¿Has aprendido algo de ellas?

Puede ser que coincidas conmigo en alguna de estas enseñanzas. O no. Quién sabe.

Todos tenemos una lista de tareas odiadas

Unos más larga y otros más corta. A ver a quién le gusta todo lo que hace a diario con la misma intensidad…

agenda

Algunos tienen la oportunidad de delegar tareas. Otros toman la decisión de eliminar de su lista aquellas tareas cuyas consecuencias de no hacerlas son insignificantes.

Ésas dos son buenas opciones, comparadas con las de escaquearse, sin más. ¿Por qué?

Las tareas pesadas te persiguen

Están ahí, colgadas en tu cabeza, hasta que te ocupas de ellas.

Si dejas pasar el tiempo, algunas de estas tareas se acumulan, haciendo que crezca también el estrés y el fastidio.

¿Lo más eficaz? (Hablamos de ello a menudo.) Hacer a un lado las excusas. Dividir estas tareas, si se puede. Y ponerte manos a la obra sin darle vueltas. Si acaso, pensando en el glorioso momento en el que las vas a acabar. A medida que avanzas, más cerca estás de la “libertad”.

Enseñanza útil, ¿no? Frecuentemente, es mayor el malestar cuando piensas en lo que no quieres hacer, que cuando estás haciéndolo.

Tus tareas odiadas te brindan experiencia

¿Cuál? La de aprender a manejar este lote de tareas haciéndote más llevadero el trabajo. Sólo puedes ganar esta soltura si practicas con lo incómodo.

Cuando te enfangas con lo que no te gusta, tu creatividad se agudiza para encontrar la manera de amenizarlo o de dejarlo hecho, lo antes y mejor posible.

Además, gracias a que te atreves con lo incómodo, superas inseguridades en ciertas tareas y ganas pericia en otras. Y, así, es probable que tu lista de tareas odiadas vaya adelgazando. Mucho más probable, que si te escaqueas de lo que te cuesta trabajo.

Las tareas que no te gustan quizás sigan sin gustarte. No tienen porqué gustarte todas. Pero, si las tienes que hacer (por cuestión de supervivencia), hazlas de una vez y con la disposición de aprender cualquier cosa que te sirva para afrontar sucesivas tareas.

Es una idea. Ya que todos compartimos la circunstancia de vernos a menudo ante tareas odiosas, intentemos sacar lo positivo del mal trago. Lo que se pueda.