Fíjate también en tus puntos fuertes y aprovéchalos

Tal vez haya ante ti problemas o decisiones que te generen confusión. Seguramente, cometes más errores de los que quisieras. ¿Miedos? ¿Defectos? También los tienes, como los tenemos todos.

Quizás, cada día, intentes dar un paso para superar cualquiera de esas situaciones incómodas, ya que lo que marcha bien no incomoda.

Prestas tanta atención a lo que está “mal” (miedos, errores, defectos, etc.), que crees tú estás “mal”, porque has dejado de ver y de disfrutar una parte de ti: la de tus talentos, tus habilidades o aciertos.

Por muchas que sean tus carencias o defectos, también tienes puntos fuertes. Y puedes aprovecharlos y hacerlos crecer. Cosa que es más gratificante que trabajar únicamente por superar tus puntos débiles.

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Vale te propongas cambiar aspectos de ti que te gustaría que fueran de otro modo. Vale que quieras superar errores, miedos, culpas y demás.

Muchos de nosotros nos esforzamos por superar limitaciones y por acercarnos a la persona que queremos ser. Lo hacemos porque queremos regalarnos ese cambio. No porque la persona que somos ahora sea un completo desastre.

Tú tampoco lo eres. No eres un compendio de desperfectos. Si sólo estás mirando lo que haces mal o lo que te falta, empieza a mirar también tus fortalezas. Y úsalas, cualesquiera que sean.

Mira lo bonito que tienes (por dentro o por fuera). Practica más actividades que se te dan bien y que te gustan. Saca a la luz eso en lo que tú eres bueno. Compártelo.

¿Seguirás puliendo o mejorando aquello en lo que no eres tan bueno? Si tú quieres, sí. Pero dedicando también atención y tiempo a tus fortalezas, que es más alegre y motivador que volcarte sólo en tus carencias.

Sácale partido a tus puntos fuertes. Ponlos a tu servicio. Probablemente, de ahí salga confianza para trabajar tus puntos débiles.

Es una sugerencia interesada. Porque no sólo tú te beneficias cuando sacas a la luz lo bueno o maximizas tus talentos. Al resto de nosotros también nos inspirará que lo hagas.