3 Ideas para practicar cuando te hables a ti mismo

¡No puedo ser más idiota! Nunca lo conseguiré. Mi vida es un completo desastre.

En las menos de 15 palabras del párrafo anterior, hay una persona machacándose a sí misma sin contemplaciones. ¿Se sentirá mejor tras ello? ¿Le dará su discurso la energía que necesita para remontar?

Es natural estar molesto o triste tras un fracaso o cualquier otra metedura de pata. Pero eso no es excusa para que esta persona se falte al respeto o, de plano, se pase al bando de sus enemigos.

Estamos de acuerdo en que el momento no se presta para echarse flores a uno mismo o fingir que se está de maravilla. Pues, del mismo modo, no es momento para atacar a la persona responsable de resolver la situación o salir adelante.

Si no le sale hablarse de manera amable y comprensiva en ese momento, al menos, debería evitar estas tres cosas:

  1. Insultarse. Con su error (o con lo que sea que se sienta mal) es suficiente. No necesita añadir más malestar hiriéndose a sí misma con estas palabras.
  2. Atascarse en el “siempre-nunca”, para dar por cerrada la posibilidad de que haya un cambio positivo. Así, ¿qué ganas va a tener de hacer algo al respecto?
  3. Generalizar. Basta un fracaso en un área (o en unas cuantas) para extenderlo como la mantequilla: “Mi vida es un desastre”. ¡Toda ella! Y así es como se dejan de ver las cosas que sí van bien o que están bien hechas.

Prestando un poquito de atención. Así es como podemos frenar, para no hacernos más daño del que tenemos que asumir, tú, yo o cualquiera que esté molesto consigo mismo (por la razón que sea).

Prestando atención, sí, nos hacemos conscientes de las veces en las que se nos va la mano en nuestros diálogos internos. Y así es como, poco a poco, disminuye la frecuencia con la que usamos frases tan negativas contra nosotros mismos.

Además, esta práctica tiene otra ventaja: al ser más cuidadosos con las palabras que elegimos en estas conversaciones con uno mismo, podemos extender esa actitud a las conversaciones que tenemos con los demás.

Tampoco a ellos les ayuda que les echemos más porquería encima.