¿Qué te dejan las dificultades cuando se van?

Dolor de cabeza, cansancio o, en los peores casos, un trauma que te lleva años superar. ¿Las dificultades dejan siempre cosas de este estilo?

No, menos mal. Hay dificultades que son grandes maestras.

Cuando pasan, queda en ti un poso de fuerza y sabiduría, que te sirve para afrontar retos nuevos y más complejos.

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Hay dificultades que te invitan a ser flexible; a que adoptes expectativas realistas; a que mires el problema desde distintos ángulos.

Hay dificultades que te empujan a usar tu creatividad para salir airoso del desafío.

Hay dificultades que te ayudan a esclarecer cuáles son tus valores y tus prioridades. Te orillan a seleccionar lo que es más importante para ti en ese momento y a que descartes el resto.

Hay dificultades que te hacen más resistente, más valiente y perseverante. Te quedas en pie o das la cara haciendo crecer estas capacidades día a día.

Hay dificultades que benefician a tus relaciones. Te recuerdan que necesitas a los demás. Y te revelan quiénes son ésos con los que puedes contar.

 

Van y vienen, como las borrascas. Mientras estemos vivos, seguiremos aceptando las dificultades que encontremos y resolviendo o sorteando una tras otra. En esa aventura estamos todos inmersos.

Hay situaciones difíciles de las que podemos extraer cosas buenas; no sólo estrés, dolor o cansancio. Abramos los ojos para poder descubrirlas y aprovechémoslas.

Imagen de Pensiero