Simplemente, hazlo. Deja de darle vueltas.

Qué inspirador es el lema de Nike: “Just do it.” Cuando te lo aplicas, saltas la barrera mental que te separa de la acción.

Dejas de pensar en el incómodo momento de empezar a hacer ejercicio, por ejemplo, y simplemente lo haces. Una vez que estás en ello, dejas de sentirte tan mal.

En la adquisición de nuevos hábitos, como el del ejercicio, es útil adoptar esta medida. También, ante tareas abrumadoras. Son muchas las excusas que improvisamos con tal de evitar el penoso momento de pasar a la acción.

  • No tengo ganas.
  • No sé por dónde empezar.
  • ¿Lo haré bien? ¿Qué pensarán de esto los demás?
  • Me va a llevar todo el día.

just do it

Si la resistencia a empezar es muy grande y estás absolutamente perdido, puedes poner un poco de orden y claridad en lo que vas a hacer a continuación.

Y, ya que está claro lo que te toca hacer ahora, que cesen las deliberaciones. Si piensas en algo, que no sea en el “dolor” de empezar, sino en lo bien que te vas a sentir una vez que arranques y, sobre todo, en la satisfacción de haberlo hecho.

Cuando aplazas lo que te cuesta trabajo hacer, sin que haya una razón de peso para hacerlo, no estás siendo generoso contigo. Tampoco lo eres cuando alimentas la resistencia antes de ponerte manos a la obra: ¡Oh, no! ¡Qué pesadez me espera!

Deja de darle vueltas. Ponte con lo que has decidido hacer en este momento. Y, antes de que te des cuenta, habrás dejado atrás la barrera incómoda en la que te habías atascado.

Si miras con admiración a esas personas que ves haciendo ejercicio o cualquier otra actividad y piensas que ellas nacieron con un “algo” especial que les hace más fácil pasar a la acción, descártalo.

La diferencia puede ser, únicamente, que ellos han empezado ya. Tú, en cuanto lo hagas, serás una de esas personas que admiras.

Pues, ¡venga! Deja de marear la perdiz. ¡Simplemente, hazlo!