¿Qué haces o dejas de hacer por influencia de otros?

Partamos de que todos nos influimos mutuamente. Tú influyes en las personas con quienes te relacionas y ellos influyen en ti.

De las influencias que recibes, unas son positivas, porque se conectan con tus intereses y prioridades (que tú sabrás los que son). Otras, negativas, porque te separan de lo que es importante para ti.

Hay personas que influyen en que te sientas de una determinada manera. Suele pasar que, si promueven emociones y sentimientos positivos, eso se refleje en que realices acciones positivas (llamemos así a las que se alinean con tus intereses).

También pasa que, si alguien alimenta tus inseguridades, culpas o frustraciones, tú te sientes menos motivado para realizar esas acciones positivas.

Lo que sientes y lo que haces suele estar relacionado. Sentimientos positivos promueven acciones positivas. (Y viceversa: acciones positivas promueven sentimientos positivos.)

Por eso es importante que nos rodeemos de más influencias positivas que negativas. Pero, ¡ojo! Esto no es una regla matemática que se cumpla siempre.

amigos y conocidos

Puede darse la paradoja de que una persona que te “ayuda” a sentirte mal (inseguro, impotente, triste, etc.) pulse el resorte que te empuje hacia acciones positivas.

Por ejemplo, imagina a alguien que te dice: “Vas a fracasar.” Y tú te animas poniendo más esmero en salir triunfante.

O alguien que te suelta: “Qué raro eres.” Y tú, ya que rechinas los dientes por el “cumplido” en una primera reacción, sonríes por dentro animándote a seguir con tus “rarezas”.

Porque, a fin de cuentas, lo que esa persona te ha dicho es que tu comportamiento no se parece a lo que él espera. Ni ganas tienes de que así sea.

Del mismo modo, puede darse la otra paradoja: una persona te ayuda a sentirte bien (contento, cómodo, seguro…) y eso, tan agradable, se vuelca en acciones negativas.

Puedes encontrarte al amigo que te reconforta cuando has sufrido un revés apoteósico. Imagínate en ese momento vulnerable. Y tu amigo, ahí, diciéndote lo que quieres escuchar, aunque no sea lo que te conviene: “Todos tienen la culpa menos tú.”

Así, cuando te ayuda a instalarte en el papel de víctima, quizás te desmotiva para que busques tus posibles errores, para aprender de ellos, u otro modo de encarar la situación.

O puedes encontrarte al amigo que te quiere, que te adora. A su lado lo pasas genial: sales, entras, gastas, dejas el trabajo o los estudios en segundo plano y… ¡hala!, ¡a vivir! Sí, a vivir, pero haciendo a un lado intereses que son importantes para ti.

¿Qué acciones salen de “cómo te ayudan a sentirte” los demás?

Lo de arriba son sólo ejemplos. En tu propia experiencia encontrarás otros más adecuados. Lo que cuenta es que los demás promueven que te sientas de una determinada manera. Y, de ahí, salen acciones (positivas o negativas, según te acerquen o te separen de tus prioridades).

Está bien tenerlo en cuenta, para saber qué interacciones o relaciones promueven que hagas cosas positivas.

Quizás, podemos sacar un par de cosas en claro. Si alguien te ayuda a sentirte mal y, a raíz de eso, a que emprendas acciones negativas (o ninguna acción en absoluto) esa persona merece menos atención por tu parte.

Y, al revés. Si una persona te inspira y te da fuerza, y eso se concreta en acciones positivas, trata esa relación como oro en paño.

Pues, eso. La propuesta es que estemos atentos, no sólo a cómo influyen los demás en lo que sentimos, sino también a las acciones que siguen a eso que sentimos.

Imagen de Pink Sherbet Photography