Las emociones no siempre aciertan. Tenlo en cuenta.

Suena el despertador. Te estiras y, sin pensarlo dos veces, pones los pies en el suelo.

Ayer por la noche decidiste que harías eso mismo, para vencer la tentación de los “cinco minutos más, por favor”, que suplica tu cuerpo a esas horas.

Es una decisión pequeña

  • como quitar la tele para trotar un poco por el vecindario;
  • como elegir el filete a la plancha, en lugar de frito (otra vez);
  • como hacer la llamada incómoda que te persigue.

Todos los días no se presentan decisiones grandes. Pero pequeñas, sí. Y éstas también te cambian la vida, sólo que lo van haciendo lentamente.

decide y actúa

El éxito suele formarse así, con una cadena muy larga de decisiones, donde hay aciertos y errores.

Entre los errores están ésos que cometemos cuando confiamos en la emoción del momento. Y la emoción, por honesta que sea, no cuenta necesariamente la verdad ni apunta siempre donde más nos conviene.

Una cosa es que te sientas incapaz de hacer tal cosa y otra, distinta, es que estés imposibilitado para hacerla.
  • El tipo ése se puso insolente y le tuve que partir la cara. No pude contenerme. ¿Seguro que no?
  • Estaba tan “depre” que me fui de compras. Es lo más efectivo para subir los ánimos. ¿Seguro?
  • Me gustaría madrugar, pero me falta fuerza de voluntad. ¿Seguro?

Las emociones incómodas agudizan tu creatividad para buscar excusas convincentes. Excusas que te crees (sean ciertas o no) y que te libran de hacer lo que NO te gusta, aunque sea lo que te conviene.

Es sano escuchar lo que dicen las emociones. Te dan una información útil y, muchas veces, apuntan a que vayas en una buena dirección. Pero no siempre aciertan y cambian con mucha rapidez.

Ten eso en cuenta con las pequeñas decisiones cotidianas con las que vas formando el éxito, en aquello que tú estés construyendo.

Cuando se presente la emoción incómoda, que te lleve a hilvanar pensamientos del tipo: no puedo, no tengo ganas, qué miedo, ¡ay! qué asco de vidaatrévete a cuestionarla.

¿Cuál es el siguiente paso diminuto que puedes dar para moverte hacia lo que quieres? Identifícalo. Y, si PUEDES darlo, no dejes que la emoción del momento te detenga.

Lo más probable es que, en cuanto des ese pequeño paso, la emoción haya vuelto a cambiar y te diga una cosa diferente.

Es como cuando te levantas de la cama desoyendo la súplica de los “cinco minutos más”. Llegas al baño, te miras al espejo y te dices orgulloso: ¡Lo conseguí!

Sumemos unas cuantas decisiones de éstas hoy. A ver qué nos dicen las emociones después de hacer lo que nos conviene. ¿Hacemos la prueba?