3 Ideas para comenzar con la formación o destrucción de un hábito

A partir de mañana, me tomo el ejercicio en serio.” ¿Cuántas veces hemos escuchado (o dicho) frases similares?

Nos referimos a empezar un hábito (hacer ejercicio, comer sano, ahorrar, leer, etc.) o a interrumpirlo por ser poco deseable (decir malas palabras, acostarse tarde, pedir dinero prestado para caprichos, etc.).

Lo de arriba son ejemplos. Tú eres quien decide si un hábito es deseable (porque te conviene) o no. Así como eres tú quien decide cómo y cuándo empezarlo.

Si te da la gana de decir “a partir de mañana hago esto… o dejo de hacer aquello”, enhorabuena. La propuesta es que, antes de decir esas palabras, estudies la situación y te prepares, para aumentar así tus probabilidades de éxito.

1. Planea la entrada/salida del hábito

Infórmate bien sobre el hábito que quieras formar (o abandonar) y conoce experiencias similares. Si bien cada persona es un mundo, puedes hacerte una idea del proceso.

brújula

Haz un plan realista, basado en ti (tus prioridades, gustos, circunstancias, etc.). Busca respuestas para allanarte el camino:

  • ¿Qué acciones van a salir de tu rutina para que entre el hábito nuevo? ¿O cuáles van a entrar para que salga el hábito viejo?
  • ¿Harás el cambio “de golpe” o poco a poco? ¿A qué ritmo?
  • ¿Qué obstáculos puedes encontrarte?
  • ¿Qué vas a hacer si un día fallas?

Mi experiencia y conocimiento no son la gran cosa, pero de algo estoy convencida: tener unas cuantas ideas claras, ayuda.

Eso sí, por muy bueno que sea el plan o por bien que estudies la situación, habrá cosas que no sepas o que no puedas prever. Ésas las irás descubriendo sobre la marcha.

2. Hazlo una prioridad

Tómatelo en serio. Una vez que decides tu ritmo, esa acción (o inacción) va a ser de lo más importante del día, hasta que esté engranada en tu rutina.

Si tu plan inicial no funciona, ajústalo hasta llegar al nivel donde puedas repetir, repetir y repetir lo mismo, en la frecuencia que tú hayas elegido.

3. Busca la influencia adecuada

Las compañías importan en cuestión de hábitos. Si quieres ahorrar, comer sano o dejar una costumbre que no te interesa, vas a tenerlo más difícil cuando te rodees de muchas personas que apunten en la dirección contraria.

Para hacerlo más llevadero (al menos, hasta que adquieras o te deshagas del hábito), pasa más tiempo con personas que vayan en una línea parecida a la tuya. O, si no siguen ese camino, que tampoco se conviertan en un obstáculo cuando te digan aquello de: “Por uno no pasa nada, hombre.”

Este punto es muy delicado. Puede darse la circunstancia de que vayas “a la contra” respecto a las personas con quienes tienes una relación más estrecha. Eso se traduce en menos apoyo y más dudas mientras estás cambiando, lo cual añade dificultad al proceso. Tenlo en cuenta.

Comprueba por ti mismo lo anterior, si no lo has hecho. Espero que algo de lo dicho te sea útil.