El optimismo es saludable. Pero, ¿qué tipo de optimismo?

Ser optimista tiene muchas ventajas. Cuando adoptas una actitud positiva, los problemas y las dificultades amedrentan menos, ya que confías en encontrar la manera de salir del brete.

Haces tus planes pensando en las posibilidades de éxito y en cómo materializarlas. Ese despliegue requiere fuerza, energía. Por lo que tampoco es de extrañar que tú, como optimista, te ocupes de tu salud más que un pesimista que crea que la suerte ya está echada.

Que la actitud de un optimista es saludable, nos lo han apuntado los estudios en estos últimos años. El simple hecho de que un optimista se estrese menos que un pesimista, ya es bastante beneficioso.

Algunos pesimistas apuntan a que ese beneficio pueda ser sólo aparente. Un optimista quizás esté más hecho polvo que un pesimista cualquiera y, aun así, siga sonriéndole a la vida.

Pero, incluso en ese caso: ¿quién de los dos crees que aprovecharía mejor las oportunidades para ser feliz o para estar un poquito mejor: el que ve alguna o el que no ve ninguna posibilidad de mejora?

Entre optimista y optimista también hay diferencias

prejuicios optimistas

Hasta aquí le hemos echado flores al optimismo. Y, en entradas anteriores a ésta, un montón más.

El optimismo que hemos descrito, ciertamente, es saludable. Quien lo adopta, lo hace sobre la base de la responsabilidad y el sentido común.

No obstante, hay optimistas de otro tipo:

  • De ésos que asumen grandes riesgos sin haber estudiado antes la situación.
  • De ésos que miran a otro lado cuando tienen un problema, con la confianza de que ya se resolverá o con la de que alguna fuerza mágica actuará en su ayuda.
  • De ésos que piensan que tendrán éxito en lo suyo… porque sí, porque están pensando “en positivo”.

Esa actitud, imprudente e irracional, no es tan positiva. Aunque quien la exhiba se estrese poco, al estar viviendo en su propio mundo rosa, ¿qué progreso cabe esperar de alguien que no le presta atención a la realidad?

Eso, si no acaba mal. El optimista alocado tiene muchas papeletas para verse en escenarios difíciles (en la salud, en lo económico…), porque actúa sin pensar.

Conclusión: El optimismo es una actitud rentable y saludable siempre que se mantengan los pies sobre la tierra. Eso implica un comportamiento responsable, en pleno contacto con la realidad.

A ti te queda decidir si te convence practicar el optimismo (o no) y, dentro de eso, qué estilo de optimismo va más contigo.

Imagen de Stuck in Customs

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