4 Pequeñeces con las que añadirás felicidad a tu día

Partamos de que es un día corriente, de ésos desprovistos de sucesos memorables (felices, en este caso). Es un día cualquiera. Uno en el que tú decides a hacer algo para sentirte bien.

Las circunstancias pueden ayudar (o no). Los demás pueden contribuir con tu felicidad (o no). Independientemente de eso, harás tu parte. ¿Cómo? Con “pequeñeces” como las que siguen.

Hace unos días hablamos de ese margen que todos tenemos para construir felicidad. Decíamos que, aun teniendo en cuenta las diferencias individuales, cada uno de nosotros puede hacer (o dejar de hacer) ciertas cosas para estar mejor HOY.

Parte de tu felicidad la fabricas tú, como yo estoy a cargo de la mía. Y, por dar un ejemplo de pequeñeces cotidianas que puedes tener en cuenta para sumar felicidad, aquí van cuatro.

mantener la sonrisa

1. Busca la manera de poner una sonrisa en tu cara

Ya, hay días que no se prestan y tampoco tienes porqué forzarte a sonreír. Pero, si hay una leve oportunidad para poner este gesto en tu cara, búscala y aprovéchala.

Acude a fuentes que funcionen en tu caso: personas con las que estás a gusto, canciones, películas, etc.

Sonreír estimula la producción de endorfinas y de serotonina. Sonriendo te relajas, al tiempo que recuperas vitalidad. Y, con ella puesta, la siguiente cosa de la que vamos a hablar te será más fácil.

2. Deja de revolcarte en la desgracia

Todos tenemos problemas y preocupaciones; todos cometemos errores; sabemos lo que es enfadarse, arrepentirse, asustarse; todos nos hemos sentido muy tristes alguna vez.

Tú también afrontas todo eso y lo vas a seguir haciendo, preferiblemente, sin ahondar en el malestar. ¿Ejemplos?

  • Cuando amaneces abatido y evitas darle alas a cánticos internos del estilo: Nunca podré con esto. No voy a ser capaz de aquello.
  • Cuando estás preocupado (por el asunto que sea) y te concedes un tiempo para desconectar de esa preocupación, a fin de recobrar fuerzas.
  • Cuando, después de haber hecho lo que estuviera en tu mano para subsanar un error, te das la oportunidad de seguir adelante sin repetirte por enésima vez lo “tonto” que fuiste.
  • Cuando recortas en quejas de ésas que no llevan a ningún sitio. Las quejas que te impulsan a actuar sobre lo que anda torcido no son tan malas.

En resumen: Si puedes, evita el exceso de pensamientos (o conversaciones) que sólo aportan más malestar. Serás una mejor compañía para ti mismo y para los demás.

3. Rescata lo bueno del día

Pon equilibrio, especialmente si estás inundado de problemas y desastres alrededor. Disfruta lo que sí está bien: una bonita sonrisa que te dediquen, un sabor agradable, un momento de paz por la tarde, etc.

Estando atento a esas pequeñas cosas (o grandes) y apreciándolas también sumas felicidad.

4. Haz cumplidos y acéptalos

Al estar atento a las cosas buenas, verás que algunas están relacionadas con quienes te encuentras. Y, posiblemente, se te ocurrirán palabras amables que dedicarles. No te las guardes.

Hacer un cumplido es un riesgo, porque no sabes cómo se lo va a tomar el receptor. Pero lo más probable es que le guste recibirlo (siempre que se te note honesto) porque resaltas un aspecto positivo que tiene que ver con él/ella.

¡Ah! Y si son otros quienes destacan un aspecto positivo tuyo, agradece el gesto sin quitarte importancia.

Así, la persona que hace el cumplido se siente bien, porque su regalo es aceptado. Y la persona que lo recibe, también, porque alguien ha prestado atención a algo bueno de sí misma (o que haya hecho).

Recopilemos las cuatro cositas:

  • Buscar la manera de sonreír.
  • Evitar la indigestión de pensamientos negativos.
  • Fijarse en algo bueno.
  • Hacer un cumplido (o recibirlo).

Son prácticas muy concretas y asequibles para la mayoría de nosotros. Nos ayudan a sentirnos más motivados y contentos. Sirven para sumar un poquito de felicidad en este día. ¿Te apuntas a sumar?

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