¿Qué eliges: seguridad o felicidad?

Seguridad y felicidad suelen unirse en muchas ocasiones. Por ejemplo, ¿qué me dices de tener una fuente de ingresos (relativamente) segura, que te permita vivir con tranquilidad?

Pero hay situaciones en las que seguridad y felicidad van en sentido contrario. Eliges una o eliges otra.

1. Cuando para ser feliz has de separarte de la opinión mayoritaria

Estás más seguro cuando te comportas como lo hace la gente que te rodea. Piensas como ellos. Sientes como ellos. Más o menos, tienes sus mismas costumbres. Y ellos te aceptan y te respetan, porque eres “normal”.

esquiador

Si eso te hace feliz, seguridad y felicidad se encuentran en este punto. Pero, ¿y si a ti te apetece adoptar otras ideas? ¿Y si quieres comer, vestir o pasar tus días de un modo distinto?

En ese caso, para ser feliz, has de renunciar a la seguridad de ser aceptado por la mayoría. Has de correr el riesgo de ser tú mismo.

2. Cuando para ser feliz has de superar miedos

Si apuestas por lo seguro, no cometerás errores; no te saldrás del camino acabando en un lugar desconocido, que puede ser peligroso.

Cuántas veces detrás de la búsqueda de la seguridad no está la felicidad, sino el miedo. Ese viejo conocido que nos separa del aprendizaje, del amor, de la prosperidad y de tantas otras experiencias.

Aquí también, para ser feliz, has de plantarle cara al miedo y atreverte a iniciar ese proyecto, sin la completa seguridad de que salga bien.

Y, si éste es un trago difícil, más difícil es llegar al final de tus días con la sensación amarga de no haber aprovechado las oportunidades que tuviste para intentar hacer eso que se quedó en el tintero.

3. Cuando para ser feliz has de renunciar a la comodidad

Has diseñado en una forma de vida en la que te sientes cómodo, seguro. Los días discurren con pocas sorpresas. Si eso te hace feliz, estupendo.

Pero, si te apetece probar cosas nuevas, habrás de renunciar al seguro placer de lo conocido. Habrás de atreverte a sentirte incómodo, perdido, desconcertado o gratamente sorprendido por una experiencia inédita.

En tu propia vida lo habrás visto: seguridad y felicidad no siempre van unidas. Poquísimas veces, si tenemos en cuenta lo que nos sugirió Franklin; que lo único seguro en este mundo es la muerte… y pagar impuestos.

Espero que lo tengamos en cuenta en nuestras decisiones, grandes o pequeñas, para evaluar qué nos conviene más en ciertos momentos: ¿la apuesta “segura” o arriesgar?