La estabilidad emocional que ganas con los años

Por accidente, formateas una unidad repleta de documentos (música, imágenes, etc.) que te llevó años recopilar. ¡Y no hiciste copia de seguridad!

Los primeros instantes de desconcierto son barridos por un ciclón emocional. ¡Qué horror! ¡No puede ser! Se suceden los lamentos, pataleos y auto-insultos, hasta que te calmas.

Todos nos hemos visto en incidentes de este tipo. La mayoría de nosotros, a medida que cumplimos años, vamos respondiendo de manera más templada a esos fastidios. Más que los años, son las experiencias las que nos enseñan a afrontar la adversidad de otra manera.

amarrar barco

Las complicaciones cotidianas, los pequeños rechazos, las malas críticas no son tan importantes. Palidecen al lado de otros grandes retos, fracasos o problemas.

Algunas de las pequeñas inconveniencias de antaño dejan de afectarnos. De otras, nos recuperamos rápidamente. Vamos ganando en estabilidad emocional.

  • Somos más hábiles manteniendo la compostura ante los imprevistos.
  • Somos más pacientes, cuando no avanzamos al ritmo que quisiéramos.
  • Miramos los problemas desde distintas perspectivas.
  • Tenemos más confianza en las capacidades que hemos construido. (Confianza respaldada por la experiencia y no por el autobombo.)
  • Gestionamos mejor nuestros recursos (tiempo, dinero, energía). Gracias también a la experiencia.

Esta entrada se publica cuando estamos a pocos días de cerrar un año. Muchas personas añadirán una vela más a la tarta, cuando les toque soplar en su próximo aniversario.

Quizás eso les haga poca gracia. Pero esa vela que aumentan representa un año más de experiencias, que les han servido para ser un poquito más sabios y resistentes, si las han aprovechado.

Hay personas en quienes resalta la madurez desde que son jovencitos. Son un ejemplo de estabilidad, sensatez y sabiduría. Otras, vamos construyendo esos activos más despacio.

Unos y otros, podremos celebrar (espero) un año más de ganancias. Entre ellas, ser más estables ante los desastres cotidianos ahorrándonos sofocones innecesarios.

Y, si aún no somos tan estables, ¡sigamos entrenando! 😀