Esa breve aventura que es la vida

De vez en cuando, especialmente cuando hemos vivido unas cuantas décadas, a todos se nos cruza ese pensamiento por la cabeza: La vida es breve.

Algunas personas se agobian con la idea y prefieren vivir día a día, sin pensar que su historia va a terminar. Para otras personas, en cambio, ser conscientes de la brevedad de la vida es muy positivo.

Positivo, porque se animan a correr el riesgo de ser ellos mismos, en lugar de la persona que los demás esperan que sean. Y aprovechan oportunidades, que no quieren dejar en el tintero.

Ven la vida como una aventura corta, en la que, al final, te arrepientes más de quedarte en puerto seguro, que de haber explorado por donde te apetecía.

salto

Estos aventureros

1… hacen lo que quieren.

Lo que quieren a veces coincide con lo que quieren o esperan los demás. Otras, no. Y, sin el propósito deliberado de hacerles la puñeta, sino el de vivir su propia vida, se atreven a emprender eso que quieren hacer o a aprovechar las opciones que tengan disponibles.

Se casan, si quieren y con quien quieren. Procuran trabajar o estudiar en lo que les interesa. Disfrutan de sus aficiones. Profundizan en los aprendizajes que eligen. Se rodean de la gente que ellos deciden…

Y, como puedes darte cuenta en esos ejemplos, “hacer lo que quieres” implica esfuerzo. Es diferente de “hacer lo que te apetece” en un momento dado, porque sea lo más cómodo y dé menos miedo.

2… aprovechan los recursos que tienen.

A la hora de hacer lo que quieren, quizás no tienen los recursos en la proporción deseable. Tal vez, sería mejor tener más tiempo, dinero, contactos, conocimiento, inteligencia, energía… o lo que fuera, antes de ponerse manos a la obra.

Quizás esperan un poco a que las circunstancias pinten más claras. Pero no se quedan esperando indefinidamente y lamentándose en el transcurso.

Deciden emprender con lo que tienen. Deciden buscar la manera de optimizar sus recursos para acercarse a lo que quieren.

A veces, fracasan. O, mejor dicho, descubren la manera de no hacer las cosas. Y, así, van sumando ganancias y éxitos en su travesía.

Por pocos que sumen, tendrán más en el recuento, que quien se quedó en puerto seguro, esperando un “mañana” despejado de dudas y peligros.

3… invierten.

Pese a lo breve de la vida, invierten con sabiduría sus recursos: en su salud, en sus relaciones, en su formación, en la formación de sus hijos o en otros proyectos que les sobrevivirán.

Saborean las alegrías cotidianas (¡qué rico está el café!) y ésas otras que se cosechan con tiempo y paciencia.

Cuando les llega su última hora, saben lo que es una tarde de parranda. Y también se llevan la satisfacción de haber progresado en objetivos que enriquecieron sus vidas y, probablemente, las vidas de otros compañeros de aventura.

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