Aceptar y mostrar tus imperfecciones también tiene ventajas

Si pudieras, ¿qué defectos de tu persona borrarías de un plumazo? Piénsalo. Borrándolos, tal vez, eliminarías una peculiaridad que a la gente le gusta.

Hay defectos que se pueden corregir, atenuar o disimular. Y, si es lo que quieres, es buena idea hacerlo.

A lo mejor lo estás haciendo ahora. Estás esforzándote en cambiar esa parte de ti que no te gusta. Poniéndonos en lo peor, imagínate que haces poco progreso o nulo. ¿Te deprime la idea?

Si es así y crees que no vas a gustar siendo como eres, míralo desde otra perspectiva. Una, que no tiene porqué ser peor que la que estás adoptando ahora. Vamos con ella.

fallo

A ti, ¿qué personas suelen caerte mejor? ¿Cuáles te parecen más accesibles? ¿Con quiénes te sientes más cómodo?

Quizás interactúas menos con personas que son aparentemente perfectas. Y, menos todavía, si van alardeando de sus logros y virtudes.

¡Qué repelente! ¿Quién se cree que es?

La (aparente) perfección crea envidia. Es frecuente que uno se sienta peor consigo mismo cuando se compara con otro, que es un fuera de serie.

Pocas veces te interesa parecer perfecto

No lo eres. Nadie lo es. Y aparentarlo tampoco sale rentable en muchas ocasiones.

Recuerda cuando compartiste una excelente noticia en tu vida. O esa vez que conseguiste un resultado estupendo. O aquella en la que fuiste la persona mejor arreglada de la fiesta.

Quizás la reacción fue menos cálida que cuando admitiste un fallo en público o uno de tus defectos quedó en evidencia ante los presentes. Porque en esos momentos resaltó tu humanidad.

Las personas, en general, te admiran por ciertas cualidades positivas (de las que tú quizás ni seas consciente). Pero se sienten más cómodas contigo si, además, das muestras de humanidad: tienes limitaciones y defectos, y cometes errores, como ellas.

Hay otra ventaja: al mostrar tu lado más humano, estás dando permiso “implícito” para que también la gente pueda mostrar sus defectos sin temor.

Te atreves a bailar en público una canción que te gusta, a pesar de no tener un estilo grácil en el baile. Y otro, que también es un poco “pato”, se anima a bailar también. Es un ejemplo.

Por último: cuando tú aceptas tus defectos, es más sencillo aceptar los defectos de los demás. Y la salud de tus relaciones lo agradece.

Conclusión: Que sigas teniendo defectos y equivocándote de tanto en tanto, también tiene sus ventajas. Aprovéchalas.

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