Cuando amaneces sin ganas de nada

Abres los ojos. El día te espera con un lote de tareas que te viene largo. Piensas en él y se intensifican la desgana y el cansancio.

Esto nos ocurre a todos alguna vez. En especial, cuando llevamos una temporada esforzándonos (sin reponernos del desgaste) o cuando entramos en una rutina rígida, con poca variedad.

Es natural. Si no les damos a la mente y al cuerpo un espacio para desconectar o descansar, querrán tomárselo por su cuenta.

desmotivada

Esa situación tiene fácil arreglo. Distinto es que el cansancio y la desgana se deban a razones como una enfermedad o un cuadro de ansiedad, depresión o estrés galopante, por ejemplo.

Seguramente necesites ayuda profesional si el cansancio y la desmotivación se están prolongando o vives días así con mucha frecuencia.

Pero, si la desgana es algo que te atrapa de tanto en tanto, te puedes recuperar del bache con esos remedios que ya conoces: pasear, salir a bailar, ir al cine, charlar con los amigos, hacer ejercicio, etc.

Cuando no tomas la iniciativa de descansar o de hacer actividades que te gustan voluntariamente, la mente y el cuerpo deciden por ti. Y entonces es cuando “ellos” te paran.

El parón es temporal

Si continúas a piñón fijo, desoyendo lo que te pide el cuerpo, la situación es probable que empeore.

Vale. Puede que tú seas una de esas personas activas, que se resisten a hacer el vago. Puede que sientas culpa, al pensar que estás desatendiendo tus responsabilidades.

Pero es que una de tus principales responsabilidades es cuidar de ti. Y, no. No tienes porqué hacer el vago. No tienes porqué tirarte en el sofá limitándote a respirar. Basta con que te des un espacio para realizar actividades diferentes.

Un espacio al margen de tus tareas rutinarias. No importa que sea breve. Lo que sí ha de ser es agradable y lo suficientemente tranquilo como para que puedas prestar atención a lo que tu voz interior te dice.

Tal vez te diga que quiere un cambio o que le gustaría que pasaras más momentos así, haciendo lo que te gusta.

Date ese espacio. Escúchate. Ayúdate para que la desgana y el cansancio comiencen a desvanecerse.

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